Rasgo: verborrea

Desde el día que nací he tenido una urgente necesidad de comunicarme, alto y claro. Esto lo sé porque mi mamá siempre cuenta que esa mañana del martes 24 de junio, en la sala de maternidad del hospital Nicolás A. Solano, el llanto que más estremecía, de todos los niños que nacieron ese día, era el mío.

Para mí, expresarme por medio de palabras va más allá de comunicar algo, es como les menciono: una necesidad. Una necesidad imperante de expresar mis sentimientos, miedos, sensaciones y sueños. Mucha gente no entiende que todos tenemos formas distintas de expresarnos, algunos usan más su cuerpo, otros usan más sus expresiones faciales, algunos la música y otras expresiones artísticas, y otros como yo, nos expresamos por medio de la palabra.

Hablar y escribir para mí es como respirar, no puedo parar de pensar y a la vez hablar lo que pienso o siento. Es para muchas personas un poco incómodo, porque el silencio es muy escaso por estos días, y por ende valorado y apreciado. Pero es algo que no puedo evitar. Las veces que callo es porque estoy muy triste o preocupada, o simplemente porque me di cuenta que con quien hablo está algo harto de mi tono de voz o de las payasadas que pueda estar diciendo en ese momento.

A veces hablo con tanta rapidez, que pareciera que no tiene sentido lo que digo, y es que mis pensamientos van más rápido que mi lengua. A veces me siento como paciente psiquiátrica en pleno ataque de verborrea. Cuando no puedo hablar de alguna cosa, como ocurre en este momento que quiero hablar sobre lo mucho que hablo, entonces escribo como lo hago ahora.

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Marchons, marchons!

Empiezo a escribir esta columna a nueve días del horroroso atentado al semanario satírico francés Charlie Hebdo.

No sé si me tomó nueve días asimilarlo todo, a manera de mis raíces católicas, una especie de novenario, o quizás el haber hablado el día anterior con mi papá, quien es diseñador gráfico y artista plástico, sobre el tema me volvió a zarandear.

Los días anteriores me dediqué a leer las opiniones que afloró esta tragedia. Se leía y se lee de todo, tanto en los artículos como en los comentarios a estos artículos. Las redes sociales se inundaron de sublimes caricaturas, en forma de protesta, y apoyo a estos artistas asesinados cobardemente.

No quiero cansarme nunca de tocar esta cuestión, la de las libertades, sobre todo el de la libertad de expresión. No fue hasta hoy que vi las fotos de las víctimas, de alguna forma ponerle rostro a estos mártires de las artes y la expresión me conmovió más de lo que pensé, y sentí la necesidad de escribir, como catarsis.

Lo que más me hería y hiere, es leer o escuchar a personas que dicen que no apoyan lo que pasó, pero que de alguna forma Charlie Hebdo “se lo buscó”. Yo no soy una discípula de Gandhi, y no creo que uno pueda siempre combatir con unas ramas de olivo en ambas manos, a veces hay que estremecer, causar polémica, incomodar, porque hay cosas que tienen que cambiar, y si no hay revolución no hay transformación.

Entre las opiniones que leí mencionaré algunas que fueron las que más me llegaron y con las que estuve más de acuerdo. Vargas Llosa escribió para El País y aseguró que éste atentado suponía “querer que la cultura occidental, cuna de la libertad, de la democracia, de los derechos humanos, renuncie a ejercitar esos valores, que empiece a ejercitar la censura, poner límites a la libertad de expresión, establecer temas prohibidos, es decir, renunciar a uno de los principios más fundamentales de la cultura de la libertad: el derecho de crítica.”. Es importante que no se olvide que no estamos hablando del islam, estamos hablando de fundamentalistas terroristas que usan el miedo como método de coerción.

Desde otra perspectiva, el artista Gonzalo Frasca escribió para CNN en Español, y a manera de pregunta nos dice por qué el humor de Charlie Hebdo es necesario. Y me quedo con esto que escribió: “En la visión del semanario francés, la tolerancia políticamente correcta es como intentar convivir con un esposo golpeador. Es creer que el esposo es naturalmente bueno, pero sólo golpea cuando se lo provoca. Es convencerse de que la culpa no es del violento sino de la víctima. Es creer que si nos portamos bien, nada malo pasará. La experiencia muestra que, tarde o temprano, el golpeador golpeará.”. El haber estado en dos relaciones sentimentales abusivas hace que me toque mucho esta comparación, y si algo aprendí de esto es que no se puede vivir con miedo, ni tampoco se puede tolerar la violencia. Si permitimos que continúe pues no acabará.

La última de las opiniones que leí fue la de la ministra francesa de justicia, Christiane Taubira, quien dio un discurso en el sepelio de una de las víctimas, el dibujante Tignous. Taubira dijo: “Se puede dibujar todo, incluso un profeta, porque en Francia, el país de Voltaire y de la irreverencia, tenemos el derecho de burlarnos de todas las religiones”. Habrá a quienes esto les parezca atroz, o quien sabe qué, pero creo que es hora de darle más valor al ser humano que a algo intangible como una creencia, un supuesto profeta o dios. Estamos comportándonos como salvajes, aún después de momentos históricos tan oscuros como La Inquisición o el Holocausto.

Tienes derecho a creer en lo que quieras, pero tus creencias no van por encima del derecho a la libertad de expresión, ni ninguna otra libertad intrínseca del ser humano.

Personalmente yo me reúso a vivir con miedo. Con miedo de ofender, con miedo a que lo que diga o haga desagrade a otros. Yo pienso que, inclusive, debo dejar de temerle a lo que mi familia podría pensar de lo que hago con mi vida. Si te ofende o te desagrada no es realmente mi problema. A mí me molestan infinidades de cosas, y es mi decisión dejar que eso me incomode o no, o hacer algo positivo para cambiarlo.

Tenemos la mala costumbre de creer que la forma en la que vivimos es la correcta, que los dioses en los que creemos son los verdaderos, y que lo que escogemos comer es lo ideal.

Un dibujo no mata a nadie, las balas sí. No era la primera vez que a raíz de las publicaciones de éste semanario la reacción de los ofendidos fuese violenta, y no por eso dejaron de dibujar, escribir y comunicar. Por eso espero siempre poder expresarme libremente, como he sentido que lo he podido hace siempre y nunca dejarme amedrentar. Deseo que Francia se levante sobre esto, y que camine perennemente de mano de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Caricatura de Cabu, una de las víctimas del atentado, hecha por Bernardo Arrocha.

Caricatura de Cabu, una de las víctimas del atentado, hecha por Bernardo Arrocha.

“Hurt people hurt people”  

Esto lo leí hace un par de años y me pareció altamente acertado. La gente herida hiere a los demás.

Pienso que todos estamos, en mayor o menor medida, jodidos, emocionalmente hablando. Nos toca lidiar con nuestros monstruos para poder ser lo más funcionales y no andar poniendo a otros a cargar con nuestro equipaje emocional. En mi caso ha sido un largo camino de aceptación y entendimiento, que aún no termina,  en el que muchas personas me han ayudado a darme cuenta quién soy más allá de la propia imagen que tenga.

Yo puedo entender cuando alguien hace algún mal “sin querer”, porque, pues, muchas veces no contamos con las herramientas necesarias para poder filtrar cosas que decimos o hacemos en momentos de enojo o frustración, y porque además lo he hecho y he estado en ese lugar. Lo ideal es aceptar que se hirió, pedir disculpas, esperar lo mejor o aceptar lo peor, y seguir adelante. No todo el mundo tiene que soportarte, ni todo el mundo tiene que disculparte.

Es necesario que busquemos siempre un balance en nuestra vida, en todos los aspectos. Hay cosas con las que no nacemos, pero no por eso no se pueden aprender. En la medida que queramos a alguien, que nos importe su bienestar, podemos mejorar la forma en la que nos comunicamos y manifestamos nuestras emociones. Y lo mismo con la relación con nosotros mismos, porque la persona más importante en tu vida debes ser tú. Si no estás bien contigo, no estás bien con nada ni con nadie.

Siempre he sentido que aprendo más de mí en mis relaciones con los demás, ya sean románticas, familiares o de amistad. Pero esa soy yo, hay gente que puede llegar a conocerse mejor siendo algo más solitarios, y siendo mucho más introspectivos. De la forma que sea, el conocerte a ti mismo es lo que te dará las herramientas, no para “ser mejor”, sino para que logres explorar todo tu potencial.

No quiero sonar a libro de auto-ayuda, porque personalmente soy de las que piensa que son como una curita puesta en una herida que requiere sutura, un placebo inútil que no logra efectos permanentes. Pero sí siento la necesidad de mandar un mensaje, llamémosle un pequeño rayo de lucidez, o de locura.

Espero que a alguien le sirvan estas palabras, al menos haber sembrado la semilla de la curiosidad en conocerse mejor y aprender a ser más efectivos a la hora de transmitir nuestras emociones, sensaciones, sentimientos y deseos. Es lindo conocerse, saber y aceptar nuestros errores y buscar la manera de enmendarlos, porque el no sanar puede significar herir a los demás.

Resoluciones

No soy de esas personas que se ponen a hacer una lista de cosas pendientes para procurar hacer durante el año nuevo.

Antes de ahondar en el tema, ¿qué es una resolución? Se supone que para efectos de estas famosas listas vendría siendo el tener la determinación para realizar algo. Son muy pocas cosas en mi vida las que he planeado, y como resultado de eso me he perdido de terminar o hacer algunas cosas que siempre quise, pero también he tenido la oportunidad de apreciar y valorar ciertas otras que he aprendido “a los golpes” o “a la brava” y que me han servido de mucho en la vida. Me gusta verlo como cosas que yo estaba destinada a vivir.

Además está eso de que no me gusta contarle a todo el mundo mis planes o proyectos, porque aunque usted no lo crea, hay gente que no es que lo quiera ver mal a uno, pero tampoco les gusta verlo a uno bien, y si hay algo en lo que creo es en la energía, y hay gente que hasta sin querer anda esparciendo de la mala por doquier.

Continuando con lo de las resoluciones, pues la primera definición que tuve de esa palabra fue la de la claridad que tiene una imagen, por eso de que mi papá es diseñador gráfico. Y poniéndome metafórica, tendría que decir que si he de tener una resolución para este 2015 sería procurar ver todo, además de “con luces largas”, también con la mejor resolución.
Es difícil controlar las emociones y sentimientos, ver la imagen como es y no como queremos que sea. También requiere ingenio ponerle un filtro de colores a las situaciones gris oscuro, pero soy de las que cree firmemente en buscarle el lado luminoso a cuanta cosa nos pase. Al final no somos las situaciones que enfrentamos sino cómo decidimos hacerle frente.

Tengamos o no tradiciones, es siempre bueno aprovechar la energía que hay en esta época para iniciar nuevos proyectos o hábitos. Mis deseos son que todos saquen provecho de este 2015, y que se dediquen a ser sinceramente felices.

¡Feliz, feliz 2015!

La Era del ‘Booty’

Acabo de terminar de leer un artículo sobre el daño que puede producir el fetichizar el trasero femenino, cualquiera de sus partes, o algún tipo (forma) de cuerpo en específico. Aunque el artículo está lleno de muchas verdades, me parece algo pretencioso afirmar que porque ahora los traseros grandes parecen estar más de moda que nunca, esto representa un peligro para las mujeres. Y no es que no lo represente, sólo que las rinoplastias y los aumentos de mamas son mucho más comunes que los implantes de glúteos, y desde donde yo estoy, se promueven más los squats que el silicón. Porque no conozco a nadie que diga que unas nalgas rellenas de silicón le parezcan lindas, a diferencia de unas tetas.

El artículo hace breve mención a que ésta moda es percibida por algunos como positiva, me incluyo, por el hecho que promueve la aceptación hacia nuestros cuerpos, pero que en el fondo es sumamente peligrosa para las mujeres muy delgadas, por ejemplo.

No podemos evitar que existan modas o tendencias sobre los cuerpos, así ha sido durante décadas, sino siglos, en la historia. El problema no son los cuerpos de moda, el problema es que no nos enseñan desde pequeños a aceptarnos como somos, y nos dejan pensar que porque hay diez tipas en una pasarela que miden 1.70 metros y pesan 110 libras, eso es a lo que todas debemos aspirar.

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Por primera vez en mi vida siento que mi gran trasero es más valorado que las tetas gigantes, y aun cuando siempre he sido feliz con mis copas B, y orgullosa de tener nalgas y caderas de negra, no a todas las mujeres las crían para que se sientan felices con sus cuerpos.

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Jennifer López es probablemente la embajadora de la Era del Booty.

Obviamente estas nalgas perfectas que vemos en fotos o vídeos, son maquilladas, retocadas, y hasta pasadas por el quirófano o la estética, porque si bien tener un trasero firme y grande es posible, es casi imposible que no tenga aunque sea una estría mal puesta.

A mí me costó muy poco aceptar que el precio a pagar por tener un trasero grande eran cientos de estrías, y es probable que la única que las note tanto sea yo, porque puedo jurar que estas caderas y glúteos me crecieron en una sola noche. Mi genética, mi forma de alimentación y estilo de vida es lo único que va a determinar cómo me veo, y de esas tres, para bien o para mal, la que manda es la genética. No aceptar mis estrías o mi celulitis es no aceptarme a mí, y eso está prohibido en mi filosofía de vida.jennifer-lopez-bikini-white-pics-photos-02241206

Y no sólo las mujeres estamos expuesta a estándares de belleza irreales, los hombres también sufren, y ahora más que nunca son juzgados si no tienen un cuerpo de ‘crossfiter’. Deberíamos todos saber cosas como que tener o no un ‘six-pack’ perfecto va a depender en su mayoría de tus genes, y en menor cantidad de cuantos abdominales y dietas paleo hagas.

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Esperar la aprobación de la sociedad sobre cómo debo ser o cómo debo verme sería el fracaso más grande de mi vida.

Si pudiera darle un consejo a todos, sería que encuentren qué es lo que más les gusta ver en ustedes, lo admiren y lo exalten, porque al final, nos guste o no, éste mundo es visual, y si bien no deberíamos estar viéndonos tanto los rostros y los cuerpos, es lo que hacemos y no creo que pronto lo dejemos de hacer. No es fácil amar cada centímetro de ti, pero es una tarea que vale la pena ser llevada a cabo. Cuando te amas la gente lo nota, y sin darse cuenta ven tanto amor en ti que terminan amándote, u odiándote, que para los efectos es casi lo mismo.

Crisol de Razas

Ya, el simple hecho de que estén tratando de satanizar un programa que lleva por nombre una de las frases que describe a mi Panamá más bellamente me causa irritación.

Quisiera poder tomar a la ligera todo el odio que se está diseminando en forma de un supuesto orgullo nacional, y protección del ciudadano panameño, pero no puedo. La xenofobia, de todas las formas de discriminación, me parece que está de segunda entre las más asquerosas. Porque, qué mierda es pensar que un país nos hace mejor o peor humanos, de primera o segunda, o tercera categoría. Sí, hay gente que no merece ni el aire que respira gratuitamente, pero eso no tiene nada que ver si es de un país o el otro. Un imbécil será un imbécil así sea que haya nacido en Bali, o en París.

Obviamente necesitamos un mejor control de la inmigración, como cualquier país en este sistema de gobiernos y fronteras. Pero también necesitamos mejores ciudadanos panameños. No crean que esta ciudad es asquerosa gracias a los “extranjeros”. La cantidad de basura, malos olores, contaminación, en todas sus versiones, no es una cosa de ahora. Y ni qué hablar de la falta de valores cívicos. Ustedes no tienen idea lo feliz que me pongo cuando la mesera que me tocó en el restaurante es colombiana, o que el chico que me trajo la pizza es venezolano. Aquí nos quejamos mucho de todo, y que no está mal, porque yo soy de las que cree que siempre hay cosas que mejorar. Pero el problema no es quejarse, el problema es quejarse y no ofrecer soluciones.

Si no va a aportar mejor dedíquese a no joder a los demás.

Hay gente que cree que los extranjeros pobres que vienen a Panamá lo hacen muy felices. ¿Ustedes creen que ser extranjero es un privilegio?, yo no. Yo amo viajar, ser turista, quizás algún día viva por un par de años en otro país. Pero con todas las cosas que me disgustan de mi Panamá, es mi país, y aquí tengo libertades que en ningún sitio tendré. Y si hay algo que yo valoro es la libertad. La libertad de caminar sin miedo, la de poder escoger dónde trabajar, la de poder disfrutar de ver el mar, a veinte minutos desde donde me encuentre. La libertad de poder decir que el ex presidente es una mierda.

Que la mala forma en la que fue llevado el programa Crisol de Razas por el anterior gobierno no debe ser excusa para la eliminación del mismo. Legalizar el estatus de todos los inmigrantes es prioritario y vital en cualquier estado. Pueden cancelar el programa, eso no evitará que sigan entrando extranjeros.

Yo puedo tratar de entender que en cierta forma el panameño no se pueda poner en los zapatos de los foráneos que habitan mi terruño porque el panameño no es de emigrar, el panameño no ha tenido nunca que huir, o más bien no ha querido. Aquí somos algo, por decirlo de una forma bonita, tolerantes.

A este país le corre por la tierra la sangre de miles de extranjeros, que vinieron obligados o voluntariamente; indistintamente algunos se quedaron y lucharon por un mejor porvenir. Se establecieron y amaron mi tierra como suya. Desde que se formó éste istmo ha sido puente de ñeques gigantes y barcos monstruosos. Siempre hemos sido visitados, admirados y hasta envidiados. Mi país es una tierra linda, tan linda que mucha gente quiere vivir en ella, y eso me encanta.

Se supone que todos debemos tener derecho a una opinión, pero para mí, la libertad de opinión termina en donde empieza el discurso de odio. Dicho esto, cualquier campaña que intente, así sea muy disimuladamente, generar odio, será repudiada por mí. Y aunque quizás lo que yo escriba no tenga repercusiones, pues dentro de mí habré hecho catarsis, y de esa forma aún he ganado.

Sexualidad: El cómo y el con quién.

A veces la empatía que tengo me llega a frustrar, porque me sensibiliza a tal punto que el tratar de explicarle a alguien que no es muy empático, alguna sensación y situación que creo puedo entender sobre alguna persona en alguna determinada situación, es casi misión imposible. Esta vez lo voy a intentar.

Pensar en las relaciones sexuales homosexuales puede ser tan sencillo como aceptar que la sexualidad es tan individual como cuantas personas habitamos éste planeta, o tan confusa como tratar de preguntarle a una pareja de palitos chinos, cuál es el tenedor y cuál el cuchillo.
Al igual que como con los fetiches, parafilias o demás expresiones sexuales, que no son “comunes”, es difícil para quien no las practica, o no se atreven a experimentar, entender a quienes sí. Al final del día la experiencia sexual es muy personal y propia, y no podríamos garantizar la satisfacción individual basándonos en gustos ajenos.

Inevitablemente los seres humanos nos encontramos siempre tratando de obtener respuesta de todo aquello que nos resulta un enigma, y pues como normalmente creemos que nuestras formas, son las formas correctas de hacer las cosas, nos resulta un poco difícil reconocer cómo los otros ponen en práctica los mismos ejercicios de forma distinta.
Quiero, antes de entrar en el tema sexual, ponerlo en contacto con su empatía, a ver si resulta; preguntarle a una pareja homosexual quién hace el papel de hombre o quién en de mujer, equivale a preguntarle a usted cómo le gusta a su mujer que se la coja. Es decir, qué coño le importa cómo cogen los demás. No es su problema. Además de que nadie hace el papel de nada, son dos hombre o dos mujeres teniendo sexo, punto.

Ahora, si usted tiene la confianza con alguna persona para que ésta le cuente las intimidades de su vida, perfecto, no hay problema. De lo contrario, pues salga del fango de la ignorancia por medio de Google y no haciendo preguntas incómodas.
Lo que yo quisiera dejar plasmado puntualmente en esta entrada es que entendamos que la sexualidad es un aspecto muy vasto en la experiencia de vida humana, muchas personas tienen percepciones negativas en tanto a la satisfacción que se debe o no experimentar durante el acto sexual, y las formas de llegar a ella. Además de eso, tomar en cuenta que los muchos años de adoctrinamiento religioso terminan también por dejarlo a uno pensando que es algo sucio o denigrante.

El cuerpo humano es un vasto campo de sensaciones placenteras, que a veces por temor o ignorancia nos limitamos a utilizar.

El primer concepto que hay que tener claro para entender las relaciones homosexuales, o cualquier otra que nos resulte diferente, es entender que el cómo disfruto de mi sexualidad, no tiene nada que ver con el con quién lo disfruto. Por ejemplo, hay hombres completamente heterosexuales que disfrutan que su pareja les estimule la próstata, y eso no los convierte en gais al instante. Así como también hay mujeres que aun siendo lesbiana les gusta sentir o experimentar penetración vaginal o anal, y se valen de juguetes sexuales para esto, y no por ello están confundidas sobre su sexualidad. Lo que usted experimenta mediante el acto sexual, no es problema de nadie, ni siquiera debe ser tema a discutir con terceros, salvo que se quiera.

Que usted no entienda algo no quiere decir que eso esté mal hecho o sea malo. Abrace nuevas experiencias, conozca su cuerpo, disfrútese, no juzgue a los demás desde su posición, porque nadie es igual a usted, ni piensa igual a usted, ni le gusta coger igual que a usted.

Sobre la amistad

Siempre he sabido que llevar una relación con alguien, de cualquier tipo, no es fácil. Lo que nos mantiene con esa necesidad constante de relacionarnos es que los momentos mágicos y felices pesan más que los momentos de enojos o diferencias.

Mientras estuve en la escuela creo que tuve un número usual de amigas y amigos. Nunca se me ha hecho difícil eso de conocer y relacionarme con los demás. Lo que es una gran ventaja, porque es maravilloso siempre conocer diferentes historias y puntos de vista. Pero nunca me sentí del todo comprendida, o al menos eso creía yo. Existe la posibilidad de que estuviese subestimando a mis amigos, pero creo que no. Para bien o para mal nunca, realmente, pertenecí a los grupos en los que fui parte en mi niñez y adolescencia. La prueba está es que no conservo ninguna amistad de aquellos tiempos. Sí, hay algunos a los que aún veo con un grandísimo afecto, y si llegasen a necesitar de mi ayuda, yo no dudaría un segundo en estar ahí, pero no considero que aún exista amistad.

Podría decir que en la universidad encontré personas con las que me era mucho más fácil expresarme, con un humor parecido y con más gustos compartidos. De todas las personas que conocí en mi vida universitaria, a tres podría llamar realmente amigos, desde donde yo entiendo el concepto de amistad. Unos cinco o seis se encuentran en un círculo más lejano, como mis amigos de infancia en la escuela.

Y como diría Segismundo, la vida es un frenesí, y dentro de ese torbellino uno va dando muchas veces tumbos que no sabe dónde nos llevarán, pues eventualmente encuentras a las personas con las que siempre sentiste que tuviste que estar. Debo decir en este punto que a veces envidio a las personas que conservan amistades desde niños, parecen tan genuinas y honestas, pero no cambiaría 20 años de amistad, por media hora de risas con mis amigas, mis genuinas amigas.

En estos últimos años he forjado amistad con siete mujeres hermosas, y no podría encontrarme más feliz, ni sentirme más orgullosa de todo lo que hemos logrado a nivel personal y a nivel de grupo. Obviamente hay días en los que alguna saca de quicio a la otra, o en la que la que usualmente es el alma de la fiesta necesita un tiempo para sí. Cada una aporta a mi vida algo que me falta. No las voy a mencionar porque ellas saben quiénes son.

Estoy genuinamente agradecida por todas las personas que han pasado, y las que se han quedado, en mi vida. Me hace feliz saber que hoy puedo decir que sé quién soy, y que mirar a las personas que me rodean me hace sentir que he abierto mi corazón a las personas correctas. Mi vida está libre de dramas innecesarios y llena de risa, consejos y momentos invaluables. Al final lo importante es saber que para tener un amigo, primero hay que saber ser uno.

Memento Mori

Decía el poeta francés Théophile Gautier que nacer es comenzar a morir.

Mi primer recuerdo sobre la muerte es de cuanto tenía unos 4 o 5 años. Vivíamos con mis papás en la casa de mi tercer par de abuelos (Antonia y José Generoso), que eran los padrinos de mi padre. La perrita de la casa, Bonita, había muerto.

Uno de mis tíos abrió un hueco en el patio enorme y ahí le dimos a Bonita, cristiana sepultura. Y digo cristiana, porque en el marco de aquel momento tan triste, para todos nosotros había muerto un miembro de la familia, y no podíamos dejar de darle un entierro como tal.

Unos años más tarde, murió el tío Nandito, el hermano de mi abuela Antonia. Recuerdo que esa mañana, salimos de la casa temprano, mi papá y yo, y le dije: “yo creo que tío Nandito ya no aguanta más”. Cuando regresamos en la tarde, pues ya no había mucho que preguntar, porque ya saben cómo es esa sensación extraña que transmiten las casas llenas de gente que no veías desde hace mucho tiempo.

Pero ninguno de estos eventos me iba a preparar para cuando perdí a un amigo a los 16 años. Creo que a esa edad pocos creen que se van a morir, y mucho menos que tendrán que enterrar a alguien de su círculo social. Yairo murió en un accidente automovilístico. La persona al volante se durmió. Aún se me hace un nudo en la garganta, muevo de forma graciosa la nariz, y aguanto las lágrimas cuando pienso en la llamada desde un teléfono público en el hospital Santo Tomás, que recibí ese domingo.

Me resulta fascinante el miedo que le tenemos los seres humanos a morir, como nos reusamos a dejar ir, y todo lo que luchamos por extender lo más que se pueda el viajecito en este cuerpo.

La gente que me oye hablando de la muerte probablemente piense que lo digo de la boca para afuera. Que quizás no se ha muerto alguien tan cercano, o que no me he encontrado en mi lecho de muerte queriendo resistirme al último aliento.

Lo que pasa es que por alguna extraña razón entendí desde muy pequeña que lo único en lo que los seres humanos tenemos garantía de que hay equidad es en la muerte. Todos vamos a morir. No hay nada que podamos hacer. Lo que se puede intentar es forjar una vida que valga la pena ser, al menos, recordada.

Me da mucha pena que alguien joven decida acabar con su vida, y siempre me pregunto si le faltó un amigo. Lo mismo me pasa cuando veo gente que a diario se autodestruye, me pregunto si sus amigos lo son realmente. No hay coerción ni en el pensamiento ni el actuar, pero muchas veces se debe intentar hasta el cansancio. Vivir con la seguridad de que se intentó es preferible a vivir con la culpa de la omisión.

Los que me conocen saben que mis formas no son las más dulces, y no me interesa decir lo que quieres escuchar. Me basta con mantenerme fiel a mí, y lograr lo más difícil que hay en esta sociedad, que es no traicionarme tratando de agradar.

Termino esta entrada recordando a la mujer más hermosa que jamás vi. Mi abuela Aurelia. Pensar en su rostro tranquilo, en todo momento, me llena de una felicidad que atropella, y en la tía abuela más obstinada y tenaz que jamás habrá, Eladia. Que me enseñó que no hay nada que una mujer se proponga y no pueda lograr.

Mujeres irrepetibles, ambas decidieron dejarnos en el 2013.

Señales

Yo no soy experta en relaciones, pero me han pasado ciertas cosas y he escuchado algunas otras, que me han dado suficiente material para hablar sobre algunos temas, hoy quise escribir sobre esas señales que muchas veces decidimos ignorar al inicio de una relación.

Les voy a contar una de mis pequeñas historias.

Hace algunos años, podrían ser ya seis, conocí a este tipo, súper interesante, “fotógrafo”, encantador y muy atento. En ese momento yo estaba muy ilusionada, nunca me había ido bien en el departamento de las relaciones, y cada vez que conocía a alguien nuevo me emocionaba muchísimo. Era de las que veía pajaritos preñados por todos lados.

Comenzamos a salir, y bueno, en esa época yo estaba terminando mi primera licenciatura, y tenía un trabajillo, si bien no ganaba millones, era suficiente para darme mis gustos. El tipo en cuestión, mayor que yo algunos años, no lograba mantenerse en un trabajo, y no tenía la mínima intención de terminar su carrera. Me tocó a mí correr con los gastos que surgieran en la relación. Por ejemplo, si el tipo iba a visitarme, cuando le tocaba irse yo tenía que darle plata para el taxi. Ah, y claro, este tipo de personajes usualmente tienen algún vicio, y por supuesto, para eso sí había, o conseguía, el dinero.

Nunca me invitó a cenar, nunca me invitó a pasar el fin de semana en algún lugar sin que yo no tuviera que pagar por los dos. Claro, en este punto yo ya debía haberlo dejado, pero como buen manipulador, todo lo malo que tenía lo compensaba siendo charming, y yo de idiota pensaba que algún día se pondría las pilas y empezaría a aportar algo más que su encanto a la relación.

Los meses iban pasando, y el susodicho no conseguía sino “camarones”, su actitud me empezó a incomodar, porque por si fuera poco, el tipo fue cambiando de Mr. Charming a Mr. Son of a Bitch (pardon my french).

En este punto yo ya me lo quería sacar de encima. Y tal vez muchos pensarán que es muy fácil dejar a un tipo así, y sí, puede que sí. Lo sería si el espécimen no se hubiese “convertido”, en un psicópata, que en una ocasión amenazó a un amigo con un cuchillo, “porque me estaba mirando mucho”.

Para resumirles el final de esta novela, cuando finalmente me armé de valor y lo logré sacar de mi vida, tuve que ir a una corregiduría a ponerle una orden de alejamiento, porque, no se cansó de llamarme, para amenazarme, además de hostigar a mi mamá y a una de mis mejores amigas.

Finalmente desistió, y gracias a Zeus que ya no sé nada de él, ni de su vida. Lastimosamente al salir de ahí, busqué desesperadamente protección, y terminé en Guatepeor, pero esa es harina para otra entrada.

Les he contado todo esto, porque muchas veces dejamos pasar las señales de que algo no anda bien con esa persona. Una simple cosa como, no pagar la cena porque “accidentalmente” dejó la billetera en casa, puede ser el inicio de una pesadilla.

Yo creo en la igualdad de derechos, léase bien, derechos, entre los seres humanos, pero hay ciertas cosas, por las que algunos me llamarán sexista, en tanto al tema de roles, que no me permiten dejar de ver al hombre como protector y proveedor, y es que es algo instintivo, nada tiene que ver con el hecho de que una mujer no pueda valerse por sí misma, tiene que ver con el hecho de que si dos personas deciden unir sus vidas por un periodo no determinado, cada una acepta un rol y lo desarrolla, en pos del otro. En mi caso, yo creo que el hombre debe proteger y la mujer cuidar del bienestar. Espero se entienda a qué me refiero.

No estoy de acuerdo con compartir los gastos cuando una relación está en una fase inicial, yo creo que el hombre debe cortejar, y si no tiene el dinero suficiente pues que busque un trabajo y ahorre para brindarle una cena decente a la mujer que pretende, y pues lo mismo en el caso de que haya que ir al push, porque no se trata de que “los dos van a gozar”, se trata de ser un hombre, y en buen panameño “pararse firme”, para poder ofrecerle lo mejor a la mujer que usted dice amar. Porque si no puede pagar las dos horas de push, ¿cómo pretende comprar los pañales y la leche?  No es tampoco intercambiar cosas por sexo, es demostrar el interés que se tiene por tener el honor de caminar del brazo de esa mujer.

Existen muchos conceptos erróneos en tanto al tema de igualdad de la mujer y el hombre y al tema del feminismo. Yo no me considero ni igual a un hombre ni superior, como tampoco creo que ser feminista quiera decir que debo andar sin depilar o sin maquillar, sólo por guerrearme con el estándar de belleza y no seguir dictámenes socio-culturales ya establecidos. Una mujer puede ser independiente y a la vez dejarse conquistar. También puede invitar un día la cena o el cine, pero no que se vuelva algo rutinario.