Archivos Mensuales: enero 2013

Descubrir nuestro cuerpo

Está claro que somos criaturas sexuales. Desde muy pequeños empezamos a descubrir el entorno con nuestro cuerpo. Las sensaciones desagradables y las agradables. De acuerdo a Freud (quien estableció la primera teoría sobre sexualidad) existen cinco etapas, desde el nacimiento hasta aproximadamente los once años, en las que si el niño o niña no las atraviesa de forma exitosa puede conllevar a fijaciones que luego desatarían neurosis u otros trastornos.  La teoría de Freud sentó las bases de lo que hoy estudiamos en cuanto sexualidad humana. Hoy ya sabemos que no todo lo postulado por Freud puede ser considerado como la absoluta verdad (bueno, en aquel entonces también tenía sus detractores).

Muchos son los mitos que hemos tenido que ir desmintiendo, y digamos que en cierta forma estos han ayudado y dado paso a estudios que nos han servido para comprender y conocer más sobre la sexualidad humana. Pero aún hoy, con todas las herramientas de comunicación que tenemos hay niños, niñas y jóvenes y adultos que no conocen su cuerpo como deben (y encima quieren andar experimentando con el ajeno).

Es fascinante, para mí, saber que cada persona disfruta y experimenta su sexualidad de formas distintas. Es como si cada persona fuera un planeta diferente. Empero me preocupa el hecho de que muchos individuos no la disfrutan como se debe. Ya sea por ignorancia, violencia u otros.

Probablemente el momento de quiebre de nuestra sexualidad se da en la adolescencia. Es aquí cuando con el desarrollo, el cuerpo y la mente de los adolescentes va sufriendo cambios. Es aquí cuando el papel de los padres o tutores juega un papel vital. Y no, no es aquí donde usted le va a dar la famosa charla sobre sexo (que algunos no llegamos nunca a escuchar), no señores. A sus hijos, desde muy pequeñitos, hay que educarles sobre su cuerpecito y su sexualidad. A enseñarle que sus partes genitales tienen nombre (no sobrenombres), que siempre deben contarle a mami y a papi si se sienten incómodos con alguna persona o situación, y dejarles saber que siempre estarán ahí para ellos, que no serán nunca juzgados.

Cuando usted se encuentre de frente con su hijo/a de 16 años (más o menos), sosteniendo esa dichosa charla, debieron ya, ambos, haber adquirido la suficiente confianza para expresar los pensamientos, sentimientos, dudas y preguntas, que ayudarán a establecer las reglas y sobre todo reforzará el vínculo de confianza entre padre e hijo/a.

En esta etapa es cuando su adolescente se va a descubrir. Contará cuantos vellos púbicos tiene, se avergonzará de su voz con “gallo”, y se empezará a encorvar cuando los pechos empiecen a emerger en el caso de las niñas. Anime a su hijo a que conozca su cuerpo. Si lleva una hora en el baño o en su cuarto encerrado no le tumbe la puerta (salvo sospechas de abuso de sustancias o depresión), lo más probable es que esté experimentando con sus nuevos features.

Si usted a esta altura de la vida (mujeres) no ha tomado un espejito y se ha revisado cómo son su vulva, sus labios menores y mayores, su clítoris, qué colores tienen,  etc., pues cuando llegue a casa agarre uno y hágalo. Si usted no sabe cómo funciona eso allá abajo pues no espere que su pareja lo descubra. Igual a los hombres, saber qué forma tiene su pene y áreas adyacentes, ayuda a notar cambios que han podido ser producidos por alguna ETS (esto va con usted también señora).

Una sexualidad sana es la combinación de educación, de amor y conocimiento propio. Respete su cuerpo y el de los demás y verá que así no le va a ir mal.

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¿Por qué Psicología?

El año pasado inicié mi aventura de volver a la Universidad, (luego de casi tres años sin usar mi cerebro para estudiar) tomé la decisión de optar por una nueva licenciatura en vez de una maestría (que es lo más común por estos días). Dicho sea de paso, esta nueva carrera tiene (casi) nada tiene que ver  con el título que tengo actualmente.

Por esos días Lucas me hizo una pregunta mientras íbamos en el carro, saliendo de una de mis primeras clases. “¿Qué haces si a tu consulta llegan unos padres con su hijo gay para que lo ayudes?”, mi respuesta fue casi sin pensar: “Les diría: los que necesitan terapia son ustedes, no su hijo”. Obviamente no les diría algo tan fuerte (espero). Cuando culmine mi viaje, de cuatro años, por las tierras de psi ya tendré las herramientas para decírselos de una forma más bonita.

Recordé esta anécdota porque hoy, publicado en La  Prensa, el Sr. Miguel Espino Perigault escribó un artículo que tiene por título: “Si tuviera un hijo gay”. Citaré algunas de las frases más llamativas.

(No coloco el link porque no sé cuándo es que tendremos que empezar a pagar para ver La Prensa en línea)

“Si yo tuviera un hijo gay adulto, a estas alturas de mi vida, le pediría perdón por no haberlo sabido educar. Por no haberle brindado el amor y las atenciones adecuadas que necesitaba en su crecimiento. Por no haberle enseñado a confiar en mí, por no haberle conocido sus amiguitos o amigos de la adolescencia y más allá.”

Aquí, el Sr. Espino Perigault afirma que el ser homosexual es producto de una mala educación, poco amor y pocas atenciones. Falta de confianza de un hijo hacia su padre y por el no conocer a los amigos de su hijo.

Yo desconozco si el Sr. Espino Perigault es padre (espero que no). Lo que me queda claro es el nivel tan bajo al que puede llegar este señor, al sugerir que un padre es culpable de la orientación sexual de sus hijos. Primero, como si el ser homosexual fuera algo negativo, y segundo como si dependiera de un padre el tipo de relaciones sexuales que va a tener su hijo.

“El homosexualismo se puede “curar” (palabra prohibida so pena de ser acusado de homofobia). Pero, del homosexualismo se puede liberar la persona homosexual, con las terapias adecuadas. Esto está demostrado.”

Al volver a leer esto me doy cuenta lo peligroso que es que este señor tenga un espacio para que miles lo lean. También me aterra pensar la cantidad de mentes que pudo haber afectado en sus años de educador. Espero que esos jóvenes hayan tenido la fortaleza y entereza mental para soportar la verborrea de odio y mentiras de este señor.

Afirmar que el homosexualismo se puede curar es querer engañarse y engañar. Desde hace 40 años la homosexualidad dejó de considerarse una enfermedad por la comunidad científica internacional. En países como Alemania, Argentina, Reino Unido y Noruega están completamente prohibidas este tipo de terapias, por ser consideradas como peligrosas, y además del hecho de que  no existen evidencias científicas que afirmen que la conversión sea posible.

Los dejo con el último fragmento que decidí compartir del escrito del señor Espino Perigault.

“A mi hijo gay adolescente lo convencería de aceptar el tratamiento, por su bien y su verdadera felicidad. En estas terapias, la fe en Dios y en su plan de salvación para el cristiano, sobre todo, es la mitad de la solución, podríamos decir.”

Espero de todo corazón que cada día podamos sacar a más personas de la oscuridad en la que han decidido vivir. Que jóvenes no se vean en la triste situación de ser sometidos a este tipo de tratamientos. Que más padres apoyen a sus hijos como la Sra. Agnes de González. Que todos busquemos informarnos más antes de crear una postura “anti” o “pro” en materia de derechos.

Nadie debe ser discriminado por ninguna razón. Nadie debe ser obligado a cambiar.

Por todo lo anterior escogí Psicología, porque quiero y necesito crear espacios para que las personas puedan sanar sus heridas, seguir adelante y vivir una vida sin temores.  No existe la coerción en el crecimiento mental ni espiritual.

GAY - NOT GAY

El curioso caso del criticón que no sabe hacer (ni decir cómo se hace) lo que critica

“Curioso que exista gente que critique algo cuando nunca lo ha hecho ni sabe cómo se hace”

Así rezaba un tuit que posteé hace un rato. Fue inspirado por otro tuit, como muchas veces suele suceder.

Si bien para aportar ideas no es necesario ser expertos, sí se requiere algo de conocimientos, al menos, básicos en el tema que se toca. ¿Por qué? Porque luego uno queda como un reverendo idiota diciendo estupideces que cualquiera le puede rebatir.

Probablemente alguna vez (o muchas veces) yo haya pecado de criticona sin tener idea de qué es o cómo se hace algo. Empero estoy tratando de ser mejor y agregarme valor. Para ello si deseo comentar sobre un tema que desconozco leo algo sobre el tópico, así sea en Wikipedia, para no andar de desbocada hablando por hablar.

Debido a que soy una persona que siempre trata de mejorar, la vida me ha llevado a trabajar en muchos lugares, con ambientes y asignaciones muy distintas. De todos he aprendido bastante. Sin embargo no me creo experta, ni en la materia de la cual ya tengo un título, siempre hay algo que aprender.

Lo ideal es que detrás de una crítica exista antes algo de reflexión, y posterior a ella una solución.

Como dice la guapa Nargis Gesmar en su bio: “Judges and critics everywhere. Where are the helpers and the builders?”

Que este 2013 nos haga más ayudantes y criticarconstructores de buenas ideas, y menos criticones y jueces.