Descubrir nuestro cuerpo

Está claro que somos criaturas sexuales. Desde muy pequeños empezamos a descubrir el entorno con nuestro cuerpo. Las sensaciones desagradables y las agradables. De acuerdo a Freud (quien estableció la primera teoría sobre sexualidad) existen cinco etapas, desde el nacimiento hasta aproximadamente los once años, en las que si el niño o niña no las atraviesa de forma exitosa puede conllevar a fijaciones que luego desatarían neurosis u otros trastornos.  La teoría de Freud sentó las bases de lo que hoy estudiamos en cuanto sexualidad humana. Hoy ya sabemos que no todo lo postulado por Freud puede ser considerado como la absoluta verdad (bueno, en aquel entonces también tenía sus detractores).

Muchos son los mitos que hemos tenido que ir desmintiendo, y digamos que en cierta forma estos han ayudado y dado paso a estudios que nos han servido para comprender y conocer más sobre la sexualidad humana. Pero aún hoy, con todas las herramientas de comunicación que tenemos hay niños, niñas y jóvenes y adultos que no conocen su cuerpo como deben (y encima quieren andar experimentando con el ajeno).

Es fascinante, para mí, saber que cada persona disfruta y experimenta su sexualidad de formas distintas. Es como si cada persona fuera un planeta diferente. Empero me preocupa el hecho de que muchos individuos no la disfrutan como se debe. Ya sea por ignorancia, violencia u otros.

Probablemente el momento de quiebre de nuestra sexualidad se da en la adolescencia. Es aquí cuando con el desarrollo, el cuerpo y la mente de los adolescentes va sufriendo cambios. Es aquí cuando el papel de los padres o tutores juega un papel vital. Y no, no es aquí donde usted le va a dar la famosa charla sobre sexo (que algunos no llegamos nunca a escuchar), no señores. A sus hijos, desde muy pequeñitos, hay que educarles sobre su cuerpecito y su sexualidad. A enseñarle que sus partes genitales tienen nombre (no sobrenombres), que siempre deben contarle a mami y a papi si se sienten incómodos con alguna persona o situación, y dejarles saber que siempre estarán ahí para ellos, que no serán nunca juzgados.

Cuando usted se encuentre de frente con su hijo/a de 16 años (más o menos), sosteniendo esa dichosa charla, debieron ya, ambos, haber adquirido la suficiente confianza para expresar los pensamientos, sentimientos, dudas y preguntas, que ayudarán a establecer las reglas y sobre todo reforzará el vínculo de confianza entre padre e hijo/a.

En esta etapa es cuando su adolescente se va a descubrir. Contará cuantos vellos púbicos tiene, se avergonzará de su voz con “gallo”, y se empezará a encorvar cuando los pechos empiecen a emerger en el caso de las niñas. Anime a su hijo a que conozca su cuerpo. Si lleva una hora en el baño o en su cuarto encerrado no le tumbe la puerta (salvo sospechas de abuso de sustancias o depresión), lo más probable es que esté experimentando con sus nuevos features.

Si usted a esta altura de la vida (mujeres) no ha tomado un espejito y se ha revisado cómo son su vulva, sus labios menores y mayores, su clítoris, qué colores tienen,  etc., pues cuando llegue a casa agarre uno y hágalo. Si usted no sabe cómo funciona eso allá abajo pues no espere que su pareja lo descubra. Igual a los hombres, saber qué forma tiene su pene y áreas adyacentes, ayuda a notar cambios que han podido ser producidos por alguna ETS (esto va con usted también señora).

Una sexualidad sana es la combinación de educación, de amor y conocimiento propio. Respete su cuerpo y el de los demás y verá que así no le va a ir mal.

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