Archivos Mensuales: noviembre 2013

Migajas

Por muchos años mis relaciones amorosas se basaban en mí, prácticamente, desangrándome de amor, y a cambio recibiendo cualquier cosa.

Más adelante descubrí que esa es una torcida forma de amor que aprendí cuando fui niña, y que bueno, hasta cierto punto en mi vida no era enteramente mi culpa el haber mal-llevado mis relaciones. Y digo hasta cierto punto, porque soy de las que piensa que no se puede andar uno por la vida culpando a la infancia y a los padres por cuanto error uno ande cometiendo, porque en definitiva cualquiera que tenga un cerebro que funcione de forma correcta puede advertir situaciones tan sencillas y básicas como dolor y miedo, y además saber cuándo uno las causa o cuando llegan desde afuera. Tomando eso en consideración, no huir (a veces la única forma que hay es salir corriendo) de una relación en la que cualquiera de las dos partes (o las dos) está sintiendo dolor y/o miedo debe ser considerado un auto-sabotaje.

No fue fácil tratar de salir de ese círculo en el que me encontraba. Me habían enseñado que el amor era todo sacrificio y nada de espera. Pero algo no estaba resultando bien en la fórmula. O simplemente yo no estaba entendiendo bien el asunto, o en definitiva esto de las relaciones y el amor no era para mí.

Gracias a que la genética y la leche materna me dotaron de un cerebro que funciona bastante bien, y bueno, también al hecho de que el ciclo de sucky relationships iba evolucionando, ya no llegaba a sentir únicamente dolor (abandono, groserías, peleas innecesarias, manipulaciones y chantajes, etc.) si no que a medida que perseguía el santo grial del amor, las situaciones ya se iban tornando cada vez más peligrosas. Es ahí, cuando todas las alarmas que había ignorado por muchos años no dejaron de sonar en mi cabeza. O cambiaba la forma en la que había estado amando, o moría en el no-intento, literal.

Ahora, quiero dejar claro que aunque hasta aquí yo suene como una pobre mártir, no es tan así como se lee. Lastimosamente uno también aprende mecanismos de defensa que lo van transformando, y probablemente yo muchas veces me llegué a comportar de la misma forma en la que fui tratada. Lo que podríamos llamar defenderse. Y de eso es algo que también hay que deshacerse, es parte de lo que no te deja salir de ese círculo enfermizo. Te acostumbras tanto a malo, que tu cerebro lo considera como algo familiar, conocido, y para él eso es equivalente a bueno.

No les voy a decir que al sol de hoy yo ya estoy del todo curada. Hay mucho daño que reparar aún, me es muy fácil bajar la guardia y volver a viejas prácticas.

Aunque el dolor te parezca familiar y confortable, está solamente ahí para decirte que estás en peligro y que, o revisas la herida, o de plano se te infecta. No hay antibióticos para el mal amar.

De todas las lecciones que he ido aprendiendo, una de las que más me gusta es la de que el amor trata de equidad y equilibrio, no se puede dar sin tener, y viceversa.

No se pueden aceptar migajas cuando lo que uno está dando son tesoros.

Do ut des. Facio ut facias.

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