Archivos Mensuales: agosto 2014

Sexualidad: El cómo y el con quién.

A veces la empatía que tengo me llega a frustrar, porque me sensibiliza a tal punto que el tratar de explicarle a alguien que no es muy empático, alguna sensación y situación que creo puedo entender sobre alguna persona en alguna determinada situación, es casi misión imposible. Esta vez lo voy a intentar.

Pensar en las relaciones sexuales homosexuales puede ser tan sencillo como aceptar que la sexualidad es tan individual como cuantas personas habitamos éste planeta, o tan confusa como tratar de preguntarle a una pareja de palitos chinos, cuál es el tenedor y cuál el cuchillo.
Al igual que como con los fetiches, parafilias o demás expresiones sexuales, que no son “comunes”, es difícil para quien no las practica, o no se atreven a experimentar, entender a quienes sí. Al final del día la experiencia sexual es muy personal y propia, y no podríamos garantizar la satisfacción individual basándonos en gustos ajenos.

Inevitablemente los seres humanos nos encontramos siempre tratando de obtener respuesta de todo aquello que nos resulta un enigma, y pues como normalmente creemos que nuestras formas, son las formas correctas de hacer las cosas, nos resulta un poco difícil reconocer cómo los otros ponen en práctica los mismos ejercicios de forma distinta.
Quiero, antes de entrar en el tema sexual, ponerlo en contacto con su empatía, a ver si resulta; preguntarle a una pareja homosexual quién hace el papel de hombre o quién en de mujer, equivale a preguntarle a usted cómo le gusta a su mujer que se la coja. Es decir, qué coño le importa cómo cogen los demás. No es su problema. Además de que nadie hace el papel de nada, son dos hombre o dos mujeres teniendo sexo, punto.

Ahora, si usted tiene la confianza con alguna persona para que ésta le cuente las intimidades de su vida, perfecto, no hay problema. De lo contrario, pues salga del fango de la ignorancia por medio de Google y no haciendo preguntas incómodas.
Lo que yo quisiera dejar plasmado puntualmente en esta entrada es que entendamos que la sexualidad es un aspecto muy vasto en la experiencia de vida humana, muchas personas tienen percepciones negativas en tanto a la satisfacción que se debe o no experimentar durante el acto sexual, y las formas de llegar a ella. Además de eso, tomar en cuenta que los muchos años de adoctrinamiento religioso terminan también por dejarlo a uno pensando que es algo sucio o denigrante.

El cuerpo humano es un vasto campo de sensaciones placenteras, que a veces por temor o ignorancia nos limitamos a utilizar.

El primer concepto que hay que tener claro para entender las relaciones homosexuales, o cualquier otra que nos resulte diferente, es entender que el cómo disfruto de mi sexualidad, no tiene nada que ver con el con quién lo disfruto. Por ejemplo, hay hombres completamente heterosexuales que disfrutan que su pareja les estimule la próstata, y eso no los convierte en gais al instante. Así como también hay mujeres que aun siendo lesbiana les gusta sentir o experimentar penetración vaginal o anal, y se valen de juguetes sexuales para esto, y no por ello están confundidas sobre su sexualidad. Lo que usted experimenta mediante el acto sexual, no es problema de nadie, ni siquiera debe ser tema a discutir con terceros, salvo que se quiera.

Que usted no entienda algo no quiere decir que eso esté mal hecho o sea malo. Abrace nuevas experiencias, conozca su cuerpo, disfrútese, no juzgue a los demás desde su posición, porque nadie es igual a usted, ni piensa igual a usted, ni le gusta coger igual que a usted.

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Sobre la amistad

Siempre he sabido que llevar una relación con alguien, de cualquier tipo, no es fácil. Lo que nos mantiene con esa necesidad constante de relacionarnos es que los momentos mágicos y felices pesan más que los momentos de enojos o diferencias.

Mientras estuve en la escuela creo que tuve un número usual de amigas y amigos. Nunca se me ha hecho difícil eso de conocer y relacionarme con los demás. Lo que es una gran ventaja, porque es maravilloso siempre conocer diferentes historias y puntos de vista. Pero nunca me sentí del todo comprendida, o al menos eso creía yo. Existe la posibilidad de que estuviese subestimando a mis amigos, pero creo que no. Para bien o para mal nunca, realmente, pertenecí a los grupos en los que fui parte en mi niñez y adolescencia. La prueba está es que no conservo ninguna amistad de aquellos tiempos. Sí, hay algunos a los que aún veo con un grandísimo afecto, y si llegasen a necesitar de mi ayuda, yo no dudaría un segundo en estar ahí, pero no considero que aún exista amistad.

Podría decir que en la universidad encontré personas con las que me era mucho más fácil expresarme, con un humor parecido y con más gustos compartidos. De todas las personas que conocí en mi vida universitaria, a tres podría llamar realmente amigos, desde donde yo entiendo el concepto de amistad. Unos cinco o seis se encuentran en un círculo más lejano, como mis amigos de infancia en la escuela.

Y como diría Segismundo, la vida es un frenesí, y dentro de ese torbellino uno va dando muchas veces tumbos que no sabe dónde nos llevarán, pues eventualmente encuentras a las personas con las que siempre sentiste que tuviste que estar. Debo decir en este punto que a veces envidio a las personas que conservan amistades desde niños, parecen tan genuinas y honestas, pero no cambiaría 20 años de amistad, por media hora de risas con mis amigas, mis genuinas amigas.

En estos últimos años he forjado amistad con siete mujeres hermosas, y no podría encontrarme más feliz, ni sentirme más orgullosa de todo lo que hemos logrado a nivel personal y a nivel de grupo. Obviamente hay días en los que alguna saca de quicio a la otra, o en la que la que usualmente es el alma de la fiesta necesita un tiempo para sí. Cada una aporta a mi vida algo que me falta. No las voy a mencionar porque ellas saben quiénes son.

Estoy genuinamente agradecida por todas las personas que han pasado, y las que se han quedado, en mi vida. Me hace feliz saber que hoy puedo decir que sé quién soy, y que mirar a las personas que me rodean me hace sentir que he abierto mi corazón a las personas correctas. Mi vida está libre de dramas innecesarios y llena de risa, consejos y momentos invaluables. Al final lo importante es saber que para tener un amigo, primero hay que saber ser uno.