Archivos Mensuales: enero 2015

Marchons, marchons!

Empiezo a escribir esta columna a nueve días del horroroso atentado al semanario satírico francés Charlie Hebdo.

No sé si me tomó nueve días asimilarlo todo, a manera de mis raíces católicas, una especie de novenario, o quizás el haber hablado el día anterior con mi papá, quien es diseñador gráfico y artista plástico, sobre el tema me volvió a zarandear.

Los días anteriores me dediqué a leer las opiniones que afloró esta tragedia. Se leía y se lee de todo, tanto en los artículos como en los comentarios a estos artículos. Las redes sociales se inundaron de sublimes caricaturas, en forma de protesta, y apoyo a estos artistas asesinados cobardemente.

No quiero cansarme nunca de tocar esta cuestión, la de las libertades, sobre todo el de la libertad de expresión. No fue hasta hoy que vi las fotos de las víctimas, de alguna forma ponerle rostro a estos mártires de las artes y la expresión me conmovió más de lo que pensé, y sentí la necesidad de escribir, como catarsis.

Lo que más me hería y hiere, es leer o escuchar a personas que dicen que no apoyan lo que pasó, pero que de alguna forma Charlie Hebdo “se lo buscó”. Yo no soy una discípula de Gandhi, y no creo que uno pueda siempre combatir con unas ramas de olivo en ambas manos, a veces hay que estremecer, causar polémica, incomodar, porque hay cosas que tienen que cambiar, y si no hay revolución no hay transformación.

Entre las opiniones que leí mencionaré algunas que fueron las que más me llegaron y con las que estuve más de acuerdo. Vargas Llosa escribió para El País y aseguró que éste atentado suponía “querer que la cultura occidental, cuna de la libertad, de la democracia, de los derechos humanos, renuncie a ejercitar esos valores, que empiece a ejercitar la censura, poner límites a la libertad de expresión, establecer temas prohibidos, es decir, renunciar a uno de los principios más fundamentales de la cultura de la libertad: el derecho de crítica.”. Es importante que no se olvide que no estamos hablando del islam, estamos hablando de fundamentalistas terroristas que usan el miedo como método de coerción.

Desde otra perspectiva, el artista Gonzalo Frasca escribió para CNN en Español, y a manera de pregunta nos dice por qué el humor de Charlie Hebdo es necesario. Y me quedo con esto que escribió: “En la visión del semanario francés, la tolerancia políticamente correcta es como intentar convivir con un esposo golpeador. Es creer que el esposo es naturalmente bueno, pero sólo golpea cuando se lo provoca. Es convencerse de que la culpa no es del violento sino de la víctima. Es creer que si nos portamos bien, nada malo pasará. La experiencia muestra que, tarde o temprano, el golpeador golpeará.”. El haber estado en dos relaciones sentimentales abusivas hace que me toque mucho esta comparación, y si algo aprendí de esto es que no se puede vivir con miedo, ni tampoco se puede tolerar la violencia. Si permitimos que continúe pues no acabará.

La última de las opiniones que leí fue la de la ministra francesa de justicia, Christiane Taubira, quien dio un discurso en el sepelio de una de las víctimas, el dibujante Tignous. Taubira dijo: “Se puede dibujar todo, incluso un profeta, porque en Francia, el país de Voltaire y de la irreverencia, tenemos el derecho de burlarnos de todas las religiones”. Habrá a quienes esto les parezca atroz, o quien sabe qué, pero creo que es hora de darle más valor al ser humano que a algo intangible como una creencia, un supuesto profeta o dios. Estamos comportándonos como salvajes, aún después de momentos históricos tan oscuros como La Inquisición o el Holocausto.

Tienes derecho a creer en lo que quieras, pero tus creencias no van por encima del derecho a la libertad de expresión, ni ninguna otra libertad intrínseca del ser humano.

Personalmente yo me reúso a vivir con miedo. Con miedo de ofender, con miedo a que lo que diga o haga desagrade a otros. Yo pienso que, inclusive, debo dejar de temerle a lo que mi familia podría pensar de lo que hago con mi vida. Si te ofende o te desagrada no es realmente mi problema. A mí me molestan infinidades de cosas, y es mi decisión dejar que eso me incomode o no, o hacer algo positivo para cambiarlo.

Tenemos la mala costumbre de creer que la forma en la que vivimos es la correcta, que los dioses en los que creemos son los verdaderos, y que lo que escogemos comer es lo ideal.

Un dibujo no mata a nadie, las balas sí. No era la primera vez que a raíz de las publicaciones de éste semanario la reacción de los ofendidos fuese violenta, y no por eso dejaron de dibujar, escribir y comunicar. Por eso espero siempre poder expresarme libremente, como he sentido que lo he podido hace siempre y nunca dejarme amedrentar. Deseo que Francia se levante sobre esto, y que camine perennemente de mano de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Caricatura de Cabu, una de las víctimas del atentado, hecha por Bernardo Arrocha.

Caricatura de Cabu, una de las víctimas del atentado, hecha por Bernardo Arrocha.

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“Hurt people hurt people”  

Esto lo leí hace un par de años y me pareció altamente acertado. La gente herida hiere a los demás.

Pienso que todos estamos, en mayor o menor medida, jodidos, emocionalmente hablando. Nos toca lidiar con nuestros monstruos para poder ser lo más funcionales y no andar poniendo a otros a cargar con nuestro equipaje emocional. En mi caso ha sido un largo camino de aceptación y entendimiento, que aún no termina,  en el que muchas personas me han ayudado a darme cuenta quién soy más allá de la propia imagen que tenga.

Yo puedo entender cuando alguien hace algún mal “sin querer”, porque, pues, muchas veces no contamos con las herramientas necesarias para poder filtrar cosas que decimos o hacemos en momentos de enojo o frustración, y porque además lo he hecho y he estado en ese lugar. Lo ideal es aceptar que se hirió, pedir disculpas, esperar lo mejor o aceptar lo peor, y seguir adelante. No todo el mundo tiene que soportarte, ni todo el mundo tiene que disculparte.

Es necesario que busquemos siempre un balance en nuestra vida, en todos los aspectos. Hay cosas con las que no nacemos, pero no por eso no se pueden aprender. En la medida que queramos a alguien, que nos importe su bienestar, podemos mejorar la forma en la que nos comunicamos y manifestamos nuestras emociones. Y lo mismo con la relación con nosotros mismos, porque la persona más importante en tu vida debes ser tú. Si no estás bien contigo, no estás bien con nada ni con nadie.

Siempre he sentido que aprendo más de mí en mis relaciones con los demás, ya sean románticas, familiares o de amistad. Pero esa soy yo, hay gente que puede llegar a conocerse mejor siendo algo más solitarios, y siendo mucho más introspectivos. De la forma que sea, el conocerte a ti mismo es lo que te dará las herramientas, no para “ser mejor”, sino para que logres explorar todo tu potencial.

No quiero sonar a libro de auto-ayuda, porque personalmente soy de las que piensa que son como una curita puesta en una herida que requiere sutura, un placebo inútil que no logra efectos permanentes. Pero sí siento la necesidad de mandar un mensaje, llamémosle un pequeño rayo de lucidez, o de locura.

Espero que a alguien le sirvan estas palabras, al menos haber sembrado la semilla de la curiosidad en conocerse mejor y aprender a ser más efectivos a la hora de transmitir nuestras emociones, sensaciones, sentimientos y deseos. Es lindo conocerse, saber y aceptar nuestros errores y buscar la manera de enmendarlos, porque el no sanar puede significar herir a los demás.

Resoluciones

No soy de esas personas que se ponen a hacer una lista de cosas pendientes para procurar hacer durante el año nuevo.

Antes de ahondar en el tema, ¿qué es una resolución? Se supone que para efectos de estas famosas listas vendría siendo el tener la determinación para realizar algo. Son muy pocas cosas en mi vida las que he planeado, y como resultado de eso me he perdido de terminar o hacer algunas cosas que siempre quise, pero también he tenido la oportunidad de apreciar y valorar ciertas otras que he aprendido “a los golpes” o “a la brava” y que me han servido de mucho en la vida. Me gusta verlo como cosas que yo estaba destinada a vivir.

Además está eso de que no me gusta contarle a todo el mundo mis planes o proyectos, porque aunque usted no lo crea, hay gente que no es que lo quiera ver mal a uno, pero tampoco les gusta verlo a uno bien, y si hay algo en lo que creo es en la energía, y hay gente que hasta sin querer anda esparciendo de la mala por doquier.

Continuando con lo de las resoluciones, pues la primera definición que tuve de esa palabra fue la de la claridad que tiene una imagen, por eso de que mi papá es diseñador gráfico. Y poniéndome metafórica, tendría que decir que si he de tener una resolución para este 2015 sería procurar ver todo, además de “con luces largas”, también con la mejor resolución.
Es difícil controlar las emociones y sentimientos, ver la imagen como es y no como queremos que sea. También requiere ingenio ponerle un filtro de colores a las situaciones gris oscuro, pero soy de las que cree firmemente en buscarle el lado luminoso a cuanta cosa nos pase. Al final no somos las situaciones que enfrentamos sino cómo decidimos hacerle frente.

Tengamos o no tradiciones, es siempre bueno aprovechar la energía que hay en esta época para iniciar nuevos proyectos o hábitos. Mis deseos son que todos saquen provecho de este 2015, y que se dediquen a ser sinceramente felices.

¡Feliz, feliz 2015!