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Marchons, marchons!

Empiezo a escribir esta columna a nueve días del horroroso atentado al semanario satírico francés Charlie Hebdo.

No sé si me tomó nueve días asimilarlo todo, a manera de mis raíces católicas, una especie de novenario, o quizás el haber hablado el día anterior con mi papá, quien es diseñador gráfico y artista plástico, sobre el tema me volvió a zarandear.

Los días anteriores me dediqué a leer las opiniones que afloró esta tragedia. Se leía y se lee de todo, tanto en los artículos como en los comentarios a estos artículos. Las redes sociales se inundaron de sublimes caricaturas, en forma de protesta, y apoyo a estos artistas asesinados cobardemente.

No quiero cansarme nunca de tocar esta cuestión, la de las libertades, sobre todo el de la libertad de expresión. No fue hasta hoy que vi las fotos de las víctimas, de alguna forma ponerle rostro a estos mártires de las artes y la expresión me conmovió más de lo que pensé, y sentí la necesidad de escribir, como catarsis.

Lo que más me hería y hiere, es leer o escuchar a personas que dicen que no apoyan lo que pasó, pero que de alguna forma Charlie Hebdo “se lo buscó”. Yo no soy una discípula de Gandhi, y no creo que uno pueda siempre combatir con unas ramas de olivo en ambas manos, a veces hay que estremecer, causar polémica, incomodar, porque hay cosas que tienen que cambiar, y si no hay revolución no hay transformación.

Entre las opiniones que leí mencionaré algunas que fueron las que más me llegaron y con las que estuve más de acuerdo. Vargas Llosa escribió para El País y aseguró que éste atentado suponía “querer que la cultura occidental, cuna de la libertad, de la democracia, de los derechos humanos, renuncie a ejercitar esos valores, que empiece a ejercitar la censura, poner límites a la libertad de expresión, establecer temas prohibidos, es decir, renunciar a uno de los principios más fundamentales de la cultura de la libertad: el derecho de crítica.”. Es importante que no se olvide que no estamos hablando del islam, estamos hablando de fundamentalistas terroristas que usan el miedo como método de coerción.

Desde otra perspectiva, el artista Gonzalo Frasca escribió para CNN en Español, y a manera de pregunta nos dice por qué el humor de Charlie Hebdo es necesario. Y me quedo con esto que escribió: “En la visión del semanario francés, la tolerancia políticamente correcta es como intentar convivir con un esposo golpeador. Es creer que el esposo es naturalmente bueno, pero sólo golpea cuando se lo provoca. Es convencerse de que la culpa no es del violento sino de la víctima. Es creer que si nos portamos bien, nada malo pasará. La experiencia muestra que, tarde o temprano, el golpeador golpeará.”. El haber estado en dos relaciones sentimentales abusivas hace que me toque mucho esta comparación, y si algo aprendí de esto es que no se puede vivir con miedo, ni tampoco se puede tolerar la violencia. Si permitimos que continúe pues no acabará.

La última de las opiniones que leí fue la de la ministra francesa de justicia, Christiane Taubira, quien dio un discurso en el sepelio de una de las víctimas, el dibujante Tignous. Taubira dijo: “Se puede dibujar todo, incluso un profeta, porque en Francia, el país de Voltaire y de la irreverencia, tenemos el derecho de burlarnos de todas las religiones”. Habrá a quienes esto les parezca atroz, o quien sabe qué, pero creo que es hora de darle más valor al ser humano que a algo intangible como una creencia, un supuesto profeta o dios. Estamos comportándonos como salvajes, aún después de momentos históricos tan oscuros como La Inquisición o el Holocausto.

Tienes derecho a creer en lo que quieras, pero tus creencias no van por encima del derecho a la libertad de expresión, ni ninguna otra libertad intrínseca del ser humano.

Personalmente yo me reúso a vivir con miedo. Con miedo de ofender, con miedo a que lo que diga o haga desagrade a otros. Yo pienso que, inclusive, debo dejar de temerle a lo que mi familia podría pensar de lo que hago con mi vida. Si te ofende o te desagrada no es realmente mi problema. A mí me molestan infinidades de cosas, y es mi decisión dejar que eso me incomode o no, o hacer algo positivo para cambiarlo.

Tenemos la mala costumbre de creer que la forma en la que vivimos es la correcta, que los dioses en los que creemos son los verdaderos, y que lo que escogemos comer es lo ideal.

Un dibujo no mata a nadie, las balas sí. No era la primera vez que a raíz de las publicaciones de éste semanario la reacción de los ofendidos fuese violenta, y no por eso dejaron de dibujar, escribir y comunicar. Por eso espero siempre poder expresarme libremente, como he sentido que lo he podido hace siempre y nunca dejarme amedrentar. Deseo que Francia se levante sobre esto, y que camine perennemente de mano de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Caricatura de Cabu, una de las víctimas del atentado, hecha por Bernardo Arrocha.

Caricatura de Cabu, una de las víctimas del atentado, hecha por Bernardo Arrocha.

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País de servicio, sin cultura de servicio

Para los que no me conocen empiezo diciéndoles que yo estudié Artes Culinarias. Parte de mis estudios incluyó materias como Servicio al Cliente, Liderazgo, Administración, Servicios Turísticos y Control de Calidad. En esos cuatro años aprendí las bases para administrar un negocio en la rama hostelera y restaurantera. Durante ese tiempo, entre trabajos y prácticas profesionales, me dediqué a ser anfitriona (hostess), mesera y cocinera. En dos hoteles y un restaurante. Por gracia o desgracia todo esto me ha llevado a ser una persona muy quisquillosa en cuanto a la calidad del servicio. Aunque para serles muy sincera estoy tratando de enfocarme menos en el servicio y más en la calidad de lo que venden, hay cosas que no van a cambiar y es mejor aceptarlas  tal cual son. Tomará años para que el panameño entienda lo importante que es para todo el país brindar un buen servicio.

Honestamente no sé cuando fue que alguien bautizó Panamá como un país de servicio. Claro está que no somos un país con gran amplitud ni en el sector primario, ni en el secundario. Y bueno, como lo que queda es el sector terciario, mejor conocido como sector servicio, pues tocó. Ni modo.

Pero, ¿qué es el sector servicio? Como yo de economía no entiendo mucho lo que puedo resumir de lo que he leido, y la parte que más me interesa, es que en alguna parte de este sector se incluye algo que llamamos “bienes inmateriales”, es decir, la atención, el asesoramiento, la experiencia, etc. Para que estemos más claros listaré algunos ejemplos de empresas o tipos de negocios que se especializan en este sector: Farmacéuticas, Compañías de Telecomunicación, Turismo,  Bienes Raíces, Servicios Legales y Financieros, Bancos, Centros Educativos, Salud Pública y Gobierno, entre otros.

Dicho esto creo que tenemos claro dónde podemos esperar recibir el dichoso bien inmaterial. La fórmula es bastante sencilla, a mi parecer, yo pago (en efectivo, Visa®, Clave®, MasterCard® o en impuestos) y tú me das lo que necesito o quiero, y de buena gana, porque nadie está haciendo un favor.

Prosigo con lo que me interesa, el servicio en el sector turismo. Esto incluye hoteles, restaurantes, casinos, hospitales… mejor dicho todo lo que un potencial turista pueda llegar a necesitar o desear en su viaje. Claro, no olvidemos que existe turismo para todo y todos. Desde el turismo de negocio, pasando por los de compras o ecoturismo y el últimamente muy de moda el turismo médico. Y por qué no, el turismo ‘interno’, ese en el que el local se convierte en el turista. De hecho, a ese es al que más cariño hay que meterle, porque con el cuento del consumismo y demás es el que más probabilidades tiene de mantener a flote su negocio, recuerde que a su amado turista internacional no lo va a tener cerca por siempre.

Retomando el título de mi escrito hablemos ahora de la cultura de servicio, esa que tanto mencionamos pero poco conocemos. Tomemos en cuenta que es un término  compuesto por dos palabras muy lindas.

Partamos del principio de que usualmente el trato que recibimos es directamente proporcional al que damos. No espere usted una gran sonrisa a su arribo si entra con cara de estreñido. Claro que esa no excusa para que me lo atiendan mal pero sea consciente. Una persona que brinda un servicio debe estar siempre dispuesta a atenderle con la mejor de las sonrisas y una actitud positiva. Para eso le pagan y para eso usted paga.

Mi impresión es que el principal problema que enfrentan los lugares que ofrecen servicios en Panamá es la inconsistencia del mismo, nunca es igual. Les narro unos cuentos…

Pedro,  Juan y Ana fueron al mismo lugar, pero en diferentes días y a distintas horas.

Experiencia Mágica: A Pedro le encantó la experiencia, ese día lo atendió Sutanita que es muy amable y rápida, y además estaba Menganito en la cocina y gloriosamente las estrellas se alinearon dando por consecuencia una experiencia mágica. De las veinte mesas del lugar cinco estaban siendo ocupadas.

La mala suerte de Juan y Ana: fueron un día de quincena, al medio día. La comida casi no llega y cuando llegó ya estaba ‘muerta’. Como todo el restaurante estaba ‘encamotado’ lo que se respiraba era un ambiente de ‘every man for himself’. Juan y Ana no regresaron más.

Moraleja de los cuentos: Señores, de nada les sirve tener una comida muy buena si el mesero la va a dejar morir en “la línea” o si no sabe vender el menú. No quiero hablar de la mala comida, que para mí no es más que ingredientes de mala calidad (ahorrar costos restando calidad). Asegúrese también que si su personal no está apto para atender público pues enséñele. Pero si usted tampoco sabe pues aprenda. Búsquese un consultor, porque no por tener 30 años de tener su restaurante usted se las sabe todas. Incentive el trabajo bien hecho y motive a sus colaboradores. Y esto aplica a toda empresa que se dedique al servicio. Mientras más lleno esté su negocio es cuando mejor deben trabajar. Que sea quincena o rush hour  no excusa para brindar un servicio malo o lento.

No hay satisfacción más grande que el trabajo bien hecho.

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Artículos de Opinión

Este es un correo electrónico que le hice llegar a la Sra. Geraldine Emiliani, en la que le expreso mi opinión sobre sus dos últimos artículos, los cuales pueden encontrar aquí:

Jóvenes Poseídas  http://laestrella.com.pa/online/impreso/2012/08/29/jovenes-poseidas.asp

Los Cobardes de las Redes Sociales  http://laestrella.com.pa/online/impreso/2012/09/05/los-cobardes-de-las-redes-sociales.asp

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Sra. Emiliani

Le escribo para expresarle mi opinión, no solicitada, referente a sus dos últimos artículos de opinión. Y, gracias a la ciencia que son sólo de opinión, porque si fueran científicos me encontraría en estos momentos con una profunda depresión.  

-Artículo: “Jóvenes Poseídas”, 29 de Agosto, 2012

Desde el título hasta el tercer párrafo lo único negativo que encontré fue el título precisamente. Lamentable, ya que éste debe ser uno de los aspectos más importantes  a tomar en consideración al escribir un artículo. Aunque bueno, puedo entender que debido a sus creencias “cristiano-católicas” usted crea en posesiones demoníacas.

A partir del tercer párrafo no sabía si reír o llorar. Según usted, y la cito, “Hay un número de ‘alimentadores’ inhumanos que hacen que las personas estén obsesionadas con este tema, popularizado por un sinnúmero de películas, programas de TV y grupos de rock.”. De acuerdo a lo que yo entendí, según usted, estos señores tienen por objetivo obsesionar a las masas con estos temas. Lo que no me quedó claro es el porqué. Le recomiendo que vea el documental del Sr. Michael Moore,  Bowling for Columbine,si no quiere ver todo el documental le dejo el fragmento que me gustaría que viera y analizara: http://www.youtube.com/watch?v=lrHFB2KP8fc&feature=related Espero no causarle ningún trauma.

Más adelante usted hace referencia a que el juego Calabozos y Dragones es el responsable de decenas de asesinatos y suicidios. No logré encontrar un solo documento oficial o de índole científica que indicara lo que usted asegura, y lo poco que encontré siempre tenía una connotación religiosa.

Ahora, le hago una pregunta, cuando Ud. se refiere a “‘Héroes’ y ‘heroínas’ casi desnudos”, ¿qué es lo que realmente le molesta? Que nos engañen haciéndonos creer en héroes o que estén semi-desnudos. En todo caso, ¿qué tiene de malo la desnudez? Sabe qué es lo maño de la desnudez, la gente como usted que la impregna de morbo. El cuerpo humano es hermoso.

La verdad es que el simple hecho de que usted como “especialista en la conducta humana” sugiera que existan posesiones demoníacas no me dejan tomar ninguna de sus aseveraciones como reales. Y que quiera culpar a películas, músicos, o series de televisión denota una muy pobre investigación. Sólo las mentes débiles son influenciables.

– Artículo: “Los cobardes de las redes sociales”, 5 de Septiembre, 2012

Obviamente el artículo anterior generó algo de indignación, y me incluyo entre los indignados. Pero en ese momento no me pareció tan importante como para contestarle. La primera vez que la leí fue la semana pasada, de hecho no sabía de su existencia hasta ese momento. Con esta nueva entrada pasó lo mismo que con la anterior, un tercero me la hizo llegar.

Nuevamente el título del artículo me parece desatinado. Llamar a un grupo de personas, que supuestamente la han amenazado, “cobardes” es provocarlas e invitarlas a que continúen el supuesto ataque. Pareciera que le gustó la atención que recibió.

Si alguien la va a hacer sentir culpable por sus creencias, como lo menciona en el primer párrafo, pues con todo respeto permítame decirle que entonces usted ha fracasado como creyente.

Otra de las cosas que me llamó mucho la atención es la forma despectiva con la que  se refiere en varias ocasiones a sus supuestos atacantes, cuando les llama “grupito”.

Como última cosa le quiero aconsejar, que si de verdad usted recibió amenazas, coloque las respectivas denuncias, porque así como usted lo dice en su diagnóstico, basado en un e-mail, estas personas necesitan intervención psiquiátrica, no sabe de lo que sean capaces de hacer. Porque sí hay perros que ladran y muerden.

Saludos cordiales,

 Francesca Arrocha C.

Estudiante de Psicología