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Sexualidad: El cómo y el con quién.

A veces la empatía que tengo me llega a frustrar, porque me sensibiliza a tal punto que el tratar de explicarle a alguien que no es muy empático, alguna sensación y situación que creo puedo entender sobre alguna persona en alguna determinada situación, es casi misión imposible. Esta vez lo voy a intentar.

Pensar en las relaciones sexuales homosexuales puede ser tan sencillo como aceptar que la sexualidad es tan individual como cuantas personas habitamos éste planeta, o tan confusa como tratar de preguntarle a una pareja de palitos chinos, cuál es el tenedor y cuál el cuchillo.
Al igual que como con los fetiches, parafilias o demás expresiones sexuales, que no son “comunes”, es difícil para quien no las practica, o no se atreven a experimentar, entender a quienes sí. Al final del día la experiencia sexual es muy personal y propia, y no podríamos garantizar la satisfacción individual basándonos en gustos ajenos.

Inevitablemente los seres humanos nos encontramos siempre tratando de obtener respuesta de todo aquello que nos resulta un enigma, y pues como normalmente creemos que nuestras formas, son las formas correctas de hacer las cosas, nos resulta un poco difícil reconocer cómo los otros ponen en práctica los mismos ejercicios de forma distinta.
Quiero, antes de entrar en el tema sexual, ponerlo en contacto con su empatía, a ver si resulta; preguntarle a una pareja homosexual quién hace el papel de hombre o quién en de mujer, equivale a preguntarle a usted cómo le gusta a su mujer que se la coja. Es decir, qué coño le importa cómo cogen los demás. No es su problema. Además de que nadie hace el papel de nada, son dos hombre o dos mujeres teniendo sexo, punto.

Ahora, si usted tiene la confianza con alguna persona para que ésta le cuente las intimidades de su vida, perfecto, no hay problema. De lo contrario, pues salga del fango de la ignorancia por medio de Google y no haciendo preguntas incómodas.
Lo que yo quisiera dejar plasmado puntualmente en esta entrada es que entendamos que la sexualidad es un aspecto muy vasto en la experiencia de vida humana, muchas personas tienen percepciones negativas en tanto a la satisfacción que se debe o no experimentar durante el acto sexual, y las formas de llegar a ella. Además de eso, tomar en cuenta que los muchos años de adoctrinamiento religioso terminan también por dejarlo a uno pensando que es algo sucio o denigrante.

El cuerpo humano es un vasto campo de sensaciones placenteras, que a veces por temor o ignorancia nos limitamos a utilizar.

El primer concepto que hay que tener claro para entender las relaciones homosexuales, o cualquier otra que nos resulte diferente, es entender que el cómo disfruto de mi sexualidad, no tiene nada que ver con el con quién lo disfruto. Por ejemplo, hay hombres completamente heterosexuales que disfrutan que su pareja les estimule la próstata, y eso no los convierte en gais al instante. Así como también hay mujeres que aun siendo lesbiana les gusta sentir o experimentar penetración vaginal o anal, y se valen de juguetes sexuales para esto, y no por ello están confundidas sobre su sexualidad. Lo que usted experimenta mediante el acto sexual, no es problema de nadie, ni siquiera debe ser tema a discutir con terceros, salvo que se quiera.

Que usted no entienda algo no quiere decir que eso esté mal hecho o sea malo. Abrace nuevas experiencias, conozca su cuerpo, disfrútese, no juzgue a los demás desde su posición, porque nadie es igual a usted, ni piensa igual a usted, ni le gusta coger igual que a usted.

Descubrir nuestro cuerpo

Está claro que somos criaturas sexuales. Desde muy pequeños empezamos a descubrir el entorno con nuestro cuerpo. Las sensaciones desagradables y las agradables. De acuerdo a Freud (quien estableció la primera teoría sobre sexualidad) existen cinco etapas, desde el nacimiento hasta aproximadamente los once años, en las que si el niño o niña no las atraviesa de forma exitosa puede conllevar a fijaciones que luego desatarían neurosis u otros trastornos.  La teoría de Freud sentó las bases de lo que hoy estudiamos en cuanto sexualidad humana. Hoy ya sabemos que no todo lo postulado por Freud puede ser considerado como la absoluta verdad (bueno, en aquel entonces también tenía sus detractores).

Muchos son los mitos que hemos tenido que ir desmintiendo, y digamos que en cierta forma estos han ayudado y dado paso a estudios que nos han servido para comprender y conocer más sobre la sexualidad humana. Pero aún hoy, con todas las herramientas de comunicación que tenemos hay niños, niñas y jóvenes y adultos que no conocen su cuerpo como deben (y encima quieren andar experimentando con el ajeno).

Es fascinante, para mí, saber que cada persona disfruta y experimenta su sexualidad de formas distintas. Es como si cada persona fuera un planeta diferente. Empero me preocupa el hecho de que muchos individuos no la disfrutan como se debe. Ya sea por ignorancia, violencia u otros.

Probablemente el momento de quiebre de nuestra sexualidad se da en la adolescencia. Es aquí cuando con el desarrollo, el cuerpo y la mente de los adolescentes va sufriendo cambios. Es aquí cuando el papel de los padres o tutores juega un papel vital. Y no, no es aquí donde usted le va a dar la famosa charla sobre sexo (que algunos no llegamos nunca a escuchar), no señores. A sus hijos, desde muy pequeñitos, hay que educarles sobre su cuerpecito y su sexualidad. A enseñarle que sus partes genitales tienen nombre (no sobrenombres), que siempre deben contarle a mami y a papi si se sienten incómodos con alguna persona o situación, y dejarles saber que siempre estarán ahí para ellos, que no serán nunca juzgados.

Cuando usted se encuentre de frente con su hijo/a de 16 años (más o menos), sosteniendo esa dichosa charla, debieron ya, ambos, haber adquirido la suficiente confianza para expresar los pensamientos, sentimientos, dudas y preguntas, que ayudarán a establecer las reglas y sobre todo reforzará el vínculo de confianza entre padre e hijo/a.

En esta etapa es cuando su adolescente se va a descubrir. Contará cuantos vellos púbicos tiene, se avergonzará de su voz con “gallo”, y se empezará a encorvar cuando los pechos empiecen a emerger en el caso de las niñas. Anime a su hijo a que conozca su cuerpo. Si lleva una hora en el baño o en su cuarto encerrado no le tumbe la puerta (salvo sospechas de abuso de sustancias o depresión), lo más probable es que esté experimentando con sus nuevos features.

Si usted a esta altura de la vida (mujeres) no ha tomado un espejito y se ha revisado cómo son su vulva, sus labios menores y mayores, su clítoris, qué colores tienen,  etc., pues cuando llegue a casa agarre uno y hágalo. Si usted no sabe cómo funciona eso allá abajo pues no espere que su pareja lo descubra. Igual a los hombres, saber qué forma tiene su pene y áreas adyacentes, ayuda a notar cambios que han podido ser producidos por alguna ETS (esto va con usted también señora).

Una sexualidad sana es la combinación de educación, de amor y conocimiento propio. Respete su cuerpo y el de los demás y verá que así no le va a ir mal.

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