Discursos en borrador

Creo que es muy normal en estas épocas de inicios pensar en el pasado. Antes de estudiar psicología conocía muy poco sobre los mecanismos de defensa, de hecho creo que muchas veces hasta utilicé erróneamente el término. Por esos tiempos creía que simplemente yo contaba con una mala memoria, se me dificultaba recordar cosas que suponen fueron muy importantes para mí, y que de hecho no suponen, lo fueron, pero por alguna razón yo no lograba recordarlas. Muchas veces mis amigos me servían de memoria, y a mí no me quedaba más que asentir y creer que los hechos pasaron tal cual me los iban contando.

Entonces un día en una clase de Teorías Psicológicas, me encontré con una lista de mecanismos de defensa que utilizamos las personas para negar, distorsionar o evadir cualquier evento desagradable, lo bueno (o malo) de esto es que es completamente inconsciente, así que es como un trabajo que no tenemos que hacer, sino que nuestra mente se toma la tarea, sin autorización, de defendernos. Y es así como descubrí que el mecanismo de defensa favorito de mi inconsciente es la disociación. ¿Saben eso que le llaman amnesia selectiva? Pues es real, no es un invento, de hecho es probable que alguna vez le hayas reclamado a alguien por no recordar algo y “hacerse el loco”, cuando en realidad no recordaba genuinamente de qué le hablabas.

Les conté todo esto porque he estado tratando de recordar ciertos eventos de mi pasado, y no logro armar bien el rompecabezas, y aunque en algunos casos es probable que sea mejor que no lo logre, la parte psicoanalista en mí siente la necesidad de rebuscar y recabar hasta en el último rincón de mi memoria todos los eventos importantes que han acontecido en mi historia. Y aunque Gabriel García Márquez diga que la vida no es lo que vivimos sino cómo lo recordamos, no puedo pensar tan poéticamente en cuanto a mi historia. Siento que para poder seguir yendo hacia adelante debo entender por qué hice alguna determinada cosa o dejé de hacerla. Por qué por mucho tiempo mis relaciones no parecían funcionar, por qué he olvidado mucho sobre ellas. Y hablo de mis relaciones porque han sido muchas, y aunque no todas “serias”, todas fueron muy importantes, y es que siempre he sido muy intensa y visceral, y tal vez ahora que me encuentro en una relación sana tengo la cabeza fría para tratar de analizar esos porqués sin apasionarme.

Al final lo que quiero es escribir un discurso, un discurso para cada una de mis historias, discursos que quedarán en borrador, porque tal vez nunca lleguen  a su destino, quizás porque ya no tengan sentido, o quizás porque ya no vale la pena, pero realmente no llegarán porque creo que no seré capaz de llegar a recordar todo lo que necesito para empezar a escribir mis discursos en borrador.

Migajas

Por muchos años mis relaciones amorosas se basaban en mí, prácticamente, desangrándome de amor, y a cambio recibiendo cualquier cosa.

Más adelante descubrí que esa es una torcida forma de amor que aprendí cuando fui niña, y que bueno, hasta cierto punto en mi vida no era enteramente mi culpa el haber mal-llevado mis relaciones. Y digo hasta cierto punto, porque soy de las que piensa que no se puede andar uno por la vida culpando a la infancia y a los padres por cuanto error uno ande cometiendo, porque en definitiva cualquiera que tenga un cerebro que funcione de forma correcta puede advertir situaciones tan sencillas y básicas como dolor y miedo, y además saber cuándo uno las causa o cuando llegan desde afuera. Tomando eso en consideración, no huir (a veces la única forma que hay es salir corriendo) de una relación en la que cualquiera de las dos partes (o las dos) está sintiendo dolor y/o miedo debe ser considerado un auto-sabotaje.

No fue fácil tratar de salir de ese círculo en el que me encontraba. Me habían enseñado que el amor era todo sacrificio y nada de espera. Pero algo no estaba resultando bien en la fórmula. O simplemente yo no estaba entendiendo bien el asunto, o en definitiva esto de las relaciones y el amor no era para mí.

Gracias a que la genética y la leche materna me dotaron de un cerebro que funciona bastante bien, y bueno, también al hecho de que el ciclo de sucky relationships iba evolucionando, ya no llegaba a sentir únicamente dolor (abandono, groserías, peleas innecesarias, manipulaciones y chantajes, etc.) si no que a medida que perseguía el santo grial del amor, las situaciones ya se iban tornando cada vez más peligrosas. Es ahí, cuando todas las alarmas que había ignorado por muchos años no dejaron de sonar en mi cabeza. O cambiaba la forma en la que había estado amando, o moría en el no-intento, literal.

Ahora, quiero dejar claro que aunque hasta aquí yo suene como una pobre mártir, no es tan así como se lee. Lastimosamente uno también aprende mecanismos de defensa que lo van transformando, y probablemente yo muchas veces me llegué a comportar de la misma forma en la que fui tratada. Lo que podríamos llamar defenderse. Y de eso es algo que también hay que deshacerse, es parte de lo que no te deja salir de ese círculo enfermizo. Te acostumbras tanto a malo, que tu cerebro lo considera como algo familiar, conocido, y para él eso es equivalente a bueno.

No les voy a decir que al sol de hoy yo ya estoy del todo curada. Hay mucho daño que reparar aún, me es muy fácil bajar la guardia y volver a viejas prácticas.

Aunque el dolor te parezca familiar y confortable, está solamente ahí para decirte que estás en peligro y que, o revisas la herida, o de plano se te infecta. No hay antibióticos para el mal amar.

De todas las lecciones que he ido aprendiendo, una de las que más me gusta es la de que el amor trata de equidad y equilibrio, no se puede dar sin tener, y viceversa.

No se pueden aceptar migajas cuando lo que uno está dando son tesoros.

Do ut des. Facio ut facias.

Matrimonios, Divorcios y Amor

Lo irónico de este post, es que mientras lo redacto estoy en Pinterest rellenando el tablero de mi boda soñada, y a la vez viendo las estadísticas sobre divorcios en Panamá.

En mi muy humilde opinión, para que haya menos divorcios han de haber menos matrimonios. Qué obviedad, ¿no?

Para no dejarlos con la idea de que soy una tarada, ampliaré mi afirmación.

De acuerdo a El Instituto Nacional de Estadística y Censo de la Contraloría General de la República, en el año 2011 hubo 25.4 divorcios por cada 100 uniones legales en el país. Utilizo este año como referencia porque es el último año del cual se tiene información en la página del INEC.

Tomé algunos datos que me parecieron importantes sobre las estadísticas de Matrimonios y Divorcios. Los expongo a continuación:

Duración del matrimonio:

  • 38.2% de las parejas se divorcian antes de los 10 primeros años de vida matrimonial
  • 30.3% entre 10 a 19 años
  • 31.5% se separan con más de 20 años de unión legal

Causales de divorcio del 2007 al 2011:

  • El mutuo consentimiento de los cónyuges  (72.4%)
  • La separación de hecho por más de dos años (20.7%)
  • El abandono absoluto por parte del marido de sus deberes de esposo o de
    padre y de la mujer de sus deberes de esposa o madre (4.3%)
  • La relación sexual extramarital (1.3%)
  • El trato cruel físico o psíquico, si con él, se hace imposible la paz y el sosiego doméstico (1.2%)

Adicional a las causales y la duración de los matrimonios, también me pareció importante este cuadro que muestra las edades en las que nos estamos casando los panameños. Lo coloco para que vean que hay probabilidades de que no los deje el tren, si es que se quieren subir, pues.

Image

Luego de esta pequeña muestra de información, usted probablemente ya se habrá ubicando en alguno de los grupos, porque al fin y al cabo, todos somos partes de las estadísticas o vamos a serlo en algún momento.

Existen muchas parejas que se casan por las razones equivocadas, la mayoría de estos matrimonios terminan felizmente con el divorcio, otros se aguantan el infiero porque piensan que no hay nada peor que divorciarse.

Se me fueron ocurriendo una serie de razones por las cuales las personas se casan, disfruten:

  1. Se embarazaron. El embarazo no deseado o no planificado no es algo único de los adolescentes. Los “adultos responsables” también meten la pata, y claro, para guardar las apariencias es mejor casarse de una vez, al fin y al cabo, hay que casarse, ¿no?
  2. Él/ella representa estabilidad. Encuentras a ese hombre o mujer que te hace sentir como en casa. Se llevan bien, es cariñoso/a y da la impresión de que será un buen padre o madre. Y bueno, como ya tienes cierta edad y algunos años de relación estable, lo normal es casarse, ¿verdad?
  3. El siguiente paso. Ya tienen mucho tiempo siendo novios, eres profesional, tienes el carro que querías y te das cuentas que el siguiente paso lógico es el matrimonio. Un buen día te encuentras celebrando tu aniversario de noviazgo número ocho, y piensas: creo que llegó la hora, es el momento de casarse. Compras el anillo, pides su mano y voila, en un año ya están felizmente casados. Probablemente será un matrimonio muy lindo, porque estará lleno de recuerdos, pero, ¿es realmente una razón de peso?
  4. Las familias. Querer salir corriendo de ese manicomio que tiene por nombre hogar no puede ni debe ser una razón para casarse. Muchas personas buscan escapar de su casa y lo hacen por medio del matrimonio, es casi una sentencia de muerte. Usualmente van de Guatemala a Guatepeor. Pero también hay otro escenario con respecto a las familias. Ya está, te ganaste el cariño de todos los miembros de su familia, incluyendo al perro. Eres el único a quien Pulgas no le ladra o intenta morder. Eres parte del núcleo familiar. Y piensas, ¿cómo le hago para terminar con toda esta gente? Mejor no, me quedo así, al fin y al cabo si me caso ya tendré una buena familia política.
  5. Amor bruto, ciego, sordo, etc. Hay gente que cree que el amor es sufrimiento, dolor y drama. Y no importa que te hayan sido infiel en el noviazgo o maltratado. Tú estás convencido de que es la persona correcta. Se van a casar cueste lo que cueste. No importa nada, el amor todo lo puede y todo lo perdona, ¿no es cierto?
  6. Soledad. Desesperación. Presión. Todo el mundo se está casando, ¡yo también quiero! No hay peor forma de tomar una decisión que sintiéndose presionado. Morir solo no es un pecado, casarse desesperado sí lo debería ser. Casarse con alguien que uno no ama o que no lo ama de vuelta está bien jodido, aunque no lo crea, mejor es estar solo. El problema es cuando uno no se la lleva bien con uno mismo.
  7. Química sexual. Cuando hay buen sexo, hay pocas cosas que puedan competir con eso. Hay parejas que sólo se llevan bien mientras cogen, pero lastimosamente cuando uno se casa no se la pasa como cuis por todas las esquinas de las casa. Así que cuando golpea la realidad de las cuentas, las mañas ajenas, los peos que hieden (valga la redundancia), pues no hay sexo que valga para llevar la fiesta en paz.

Estoy segura que hay miles de equivocadas razones más para casarse, probablemente hay tantas como hay divorcios.

Yo creo en el matrimonio como una afirmación del amor, no como una imposición social o religiosa, me gusta celebrar, y por eso me casaría, para celebrar mi amor.  

El amor sigue siendo un misterio, porque personalmente no creo que exista una definición de él, sino millones. No esperes que el amor de tus padres sea igual al tuyo, no existe un amor igual al otro, y eso es lo maravilloso.

Etiquetado

Inseguridades

El ser humano está lleno de esos bichos a los que llamamos inseguridades. Y las más obvias, por ser las más evidentes, son las relacionadas con el aspecto físico.

Yo soy la primera en decirle a la gente que haga lo que les haga felices. Empero, hay que saber diferenciar entre felicidad genuina y  la alegría momentánea.

Si a usted no le gusta ni su cabello, ni sus ojos, ni su cuerpo, es decir, se ve en el espejo y no le gusta nada de lo que ve, lo más probable es que usted tenga una autoestima muy baja y en el peor de los casos “sufra” de trastorno dismórfico corporal. Si siente que “hay algo mal” en la forma que usted se ve a sí mismo, trate de buscar ayuda profesional.

Pero yo no quiero hablarles de ese tema tan complejo, no hoy,  yo quiero hablar de las cosas “menores” que no nos gustan de nuestro cuerpo o de nuestra forma de ser. Esas cosas que tal vez son casi imperceptibles para el resto, pero para nosotros son causa de vergüenza.

Es un dolor de cabeza ir a la playa, porque creemos que habrá un panel de críticos viendo cuan deformes somos. O pensar en que fuimos invitados a una boda y lo traumático que será encontrar un vestido lo suficientemente “perfecto” para que nos veamos de la mejor forma que jamás nos hemos visto. Hasta comprar un bendito jeans puede resultar traumático. Inclusive cosas como el tono de voz pueden llegar a avergonzar a alguien.

La verdad es que muchas veces, si no es que la mayoría, somos nosotros mismos nuestros peores críticos. Y entiendo que la autocrítica es buena, siempre y cuando nos impulse a ser mejores versiones de nosotros mismos, y no versiones de otras personas, sobre todo artistas… porque ¡vamos!, nadie es tan prolijo, al menos que tenga un TOC.

Obviamente, como buena freudiana que soy, me inclino siempre en afirmar que la mayoría de nuestros peores miedos tienen su raíz en nuestra infancia. Siempre me uso de ejemplo, porque como dice mi amiga Alejandra, “siempre hablo de mí porque es el tema que mejor domino”, entonces me expondré aquí: De pequeña, no recuerdo un solo día que mi madre no me dijera que yo era una niña muy bonita, me decía otras cosas también, como que era una niña inteligente y capaz. La verdad es que nunca tuve problemas de autoestima, claro, siempre hay bichitos de inseguridad rondándome, pero nunca dejo que estos me detengan.

Obviamente, mi madre en su intento por hacer su trabajo de forma excepcional, tal vez no se dio cuenta que además de aumentarme la autoestima y amor propio, también me estaba convirtiendo en alguien egocéntrico. Realmente no la culpo, he aprendido a bajar las revoluciones y a tratar de pasar “bajo perfil”, algo que para alguien con mi personalidad y tipo de crianza es muy difícil.

Mi consigna siempre es que uno debe amarse como es. Y si no se ama pues debe hacer los cambios, integrales, que lo lleven a eso. Y cuando digo integrales me refiero a cambios de verdad, cambios, que aunque suene a cliché, sean de adentro hacia afuera. De nada van a valer los miles de dólares en estética o cirujano, si usted dentro de sí no ha hecho un cambio real.

Muchas personas son capaces de cambiar de actitud con libros y charlas de autoayuda. Y eso está muy bien, pero hay muchos otros que no. Lo que me gusta de la psicología es que es tan maravillosa y tan rica, que hay tantas teorías como necesidades vayamos desarrollando como seres humanos. Si usted lo que está buscando es un cambio de conducta, pues lo que le conviene es alguna terapia cognitivo-conductual. Si usted es como yo, y le gusta ahondar en el fondo, el porqué y el principio de las cosas, el psicoanálisis es lo suyo.

Cada día es más difícil encontrarnos a nosotros mismos, detrás de todos los papeles que nos toca desarrollar en la actualidad. Antes el panadero del pueblo sólo era eso, el panadero. Y al llegar a casa era padre y esposo. Hoy somos muchas más cosas, con mucha más información bombardeándonos, sobre cómo debemos ser o pensar. Trate de encontrarse dentro de todos esos roles que le ha tocado desarrollar, cuando se encuentre ámese, y si no se ama, búsquese de nuevo, y ámese.

De Libras de más y esas cosas…

Esto no le incumbe a nadie, pero de todas maneras lo quiero compartir.

En los últimos años mi peso siempre osciló entre las 125 y 130 libras, que ya las 130 eran sobrepeso para mis 1.55 mts. Pero en los años 2011 y 2012 llegué a alcanzar hasta las 135 libras, y eso señores se me notaba hasta en el ojo.

A finales del 2012 e inicios del 2013 decidí “ponerme las pilas”, porque además de no gustarme la Francesca de las fotos o del espejo, me di cuenta que no me estaba haciendo más joven, a medida que pasaban los años.

Hoy, 5 de Julio, estoy pesando 124 libras, a 4 libras de “mi peso ideal”. Estas libras las he bajado con ejercicio periódico (de 3 a 4 veces por semana) y una dieta balanceada, basada en porciones, no en restricciones. Bajé estas 8 libras (inicié con 132) en 4 meses. Nada de dietas locas, ni matándome de hambre. He comido alitas, hamburguesas, papitas fritas, helados, malteadas, etc., pero todo con cordura y sin abuso.

Esto no lo hago para alcanzar un cuerpo espectacular, lo hago por salud y por sentirme bien conmigo misma y tener más energías.

Me gusta que en Panamá, en los últimos años se esté viendo que la gente se preocupa más por su físico. Por llevar una vida activa y dejar el sedentarismo a un lado.

Hay muchas enfermedades que son causadas por el sobrepeso y no hay nada más lindo que estar en armonía con tu cuerpo, cagar como se debe (sin diarreas o estreñimiento), comer lo necesario y satisfacer uno que otro deseo de vez en cuando.

El comer bien y hacer ejercicios, inclusive, va más allá de lo físico. Tu mente y tu espíritu también se enriquecen.

Espero que este post anime aunque se a una persona a llevar un estilo de vida saludable. Hágalo por usted.

También ayuda tener un grupo de amigos que no lo saboteen, y que lo animen a seguir. Y que quizás también se encuentren buscando lo mismo que usted. Si algún amigo le dice: “no, no salgas a correr qué pereza”, o “cómete esa vaina, ¡qué carajos!”, pues debería replantearse si en realidad es su amigo. 

Espero que cuando leas esto te animes a empezar o a no desistir. 

Reflexión: Actitud Positiva

Me gusta pensar que una actitud positiva, además de mantener tu mente en buen estado, funciona también como repelente para personas negativas.

Siempre he pensado que las personas te tratan de igual forma como tú las tratas. Muchas veces tenemos frente a nosotros personas con una aparente mala actitud, pero si les sonríes tal vez te devuelvan esa sonrisa, y hasta podrías cambiarle el día.

En definitiva el mundo es nuestro gran espejo, lo que no nos gusta en los demás puede ser reflejo de algo que estamos proyectando y no nos gusta de nosotros mismos. Mi padre siempre me ha dicho que cuando me mire en el espejo piense en si me gustaría ser amiga de esa persona del otro lado, y así siempre seré la mejor versión de mí.

Etiquetado

Trabajos en Grupo y Convivencia Social

Seamos honestos, vivir en sociedad a veces es algo difícil, por no decir que mucho.

Escoger a tus vecinos, compañeros de clase o de trabajo no es una opción. Aquí es donde la fortuna juega su papel y se burla a diario de nosotros cuando nos envía aquel vecino que decide animar a toda la calle con su peculiar música, que para suerte tuya es la que menos soportas.

El idílico escenario de escoger de quiénes estaremos rodeados es casi tan provocativo que dan ganas de ponerse a fantasear con divinas fiestas o reuniones amenas, a sólo pasos de distancia. Ahora entiendo a esas comunas hippies de los 60s. Qué mejor que rodearte de tus pares para disfrutar a diario de tan deliciosa compañía.

En la universidad es casi como una tortura china que el profesor llegue un día diciendo que él escogerá con quién harás el trabajo final, o que les mande a enumerarse del uno al cinco y que la suerte decida por ti cuál será tu nota, que vale el 30% de la calificación total de la materia.

Como yo soy del tipo control freak y además de eso me gustan muchos las “A”, cada vez que me toca hacer trabajos en grupo, de esta forma, me auto denomino la coordinadora. Que no es más que la que termina trabajando doble o hasta triple, pero todo sea por la nota. No me quejo, al final termino satisfecha y un poco más ilustrada. No es fácil, pero hay que hacerlo.

Otro escenario súper desalentador es no encontrarte trabajando en un lugar en el que sientas que encajas. Han sido muy pocas las ocasiones en las que he sentido que encajo en un trabajo. Y es que además de ser yo muy peculiar para el común denominador, soy bastante exigente a la hora de entablar una amistad. Mucha gente va a un trabajo a hacerse de amigos. Mi padre me enseñó que uno va a su trabajo, precisamente a eso, a trabajar. Entonces eso me lleva muchas veces a verme como la outcast.

Y bueno, luego nos encontramos con los lugares en los que también hay que convivir con extraños. La sala de cine, los restaurantes, conciertos y otros eventos. Tomemos en cuenta que en Panamá hay un fenómeno al que no sé cómo llamarle, y es la proliferación de gente tipo maleducada, grosera y agresiva. Mucho tiene que ver con la salud emocional del panameño, pero no todo. Ser grosero y maleducado es cuestión de educación, no de ánimo. Hay gene que carece de sentido común y le vale madre incomodar al que tiene al lado.

Al final del día toca adaptarse y ser un poco tolerante, sin llegar a ser tratado como idiota. Saber cuándo tratas con un imbécil y no rebajarte a su nivel e intentar no sufrir alguna enfermedad cardiovascular producto del estrés que te pueda llegar a causar otros.

Si no puedes tener control de la situación al menos ten control de ti y lo que sientes. 

Descubrir nuestro cuerpo

Está claro que somos criaturas sexuales. Desde muy pequeños empezamos a descubrir el entorno con nuestro cuerpo. Las sensaciones desagradables y las agradables. De acuerdo a Freud (quien estableció la primera teoría sobre sexualidad) existen cinco etapas, desde el nacimiento hasta aproximadamente los once años, en las que si el niño o niña no las atraviesa de forma exitosa puede conllevar a fijaciones que luego desatarían neurosis u otros trastornos.  La teoría de Freud sentó las bases de lo que hoy estudiamos en cuanto sexualidad humana. Hoy ya sabemos que no todo lo postulado por Freud puede ser considerado como la absoluta verdad (bueno, en aquel entonces también tenía sus detractores).

Muchos son los mitos que hemos tenido que ir desmintiendo, y digamos que en cierta forma estos han ayudado y dado paso a estudios que nos han servido para comprender y conocer más sobre la sexualidad humana. Pero aún hoy, con todas las herramientas de comunicación que tenemos hay niños, niñas y jóvenes y adultos que no conocen su cuerpo como deben (y encima quieren andar experimentando con el ajeno).

Es fascinante, para mí, saber que cada persona disfruta y experimenta su sexualidad de formas distintas. Es como si cada persona fuera un planeta diferente. Empero me preocupa el hecho de que muchos individuos no la disfrutan como se debe. Ya sea por ignorancia, violencia u otros.

Probablemente el momento de quiebre de nuestra sexualidad se da en la adolescencia. Es aquí cuando con el desarrollo, el cuerpo y la mente de los adolescentes va sufriendo cambios. Es aquí cuando el papel de los padres o tutores juega un papel vital. Y no, no es aquí donde usted le va a dar la famosa charla sobre sexo (que algunos no llegamos nunca a escuchar), no señores. A sus hijos, desde muy pequeñitos, hay que educarles sobre su cuerpecito y su sexualidad. A enseñarle que sus partes genitales tienen nombre (no sobrenombres), que siempre deben contarle a mami y a papi si se sienten incómodos con alguna persona o situación, y dejarles saber que siempre estarán ahí para ellos, que no serán nunca juzgados.

Cuando usted se encuentre de frente con su hijo/a de 16 años (más o menos), sosteniendo esa dichosa charla, debieron ya, ambos, haber adquirido la suficiente confianza para expresar los pensamientos, sentimientos, dudas y preguntas, que ayudarán a establecer las reglas y sobre todo reforzará el vínculo de confianza entre padre e hijo/a.

En esta etapa es cuando su adolescente se va a descubrir. Contará cuantos vellos púbicos tiene, se avergonzará de su voz con “gallo”, y se empezará a encorvar cuando los pechos empiecen a emerger en el caso de las niñas. Anime a su hijo a que conozca su cuerpo. Si lleva una hora en el baño o en su cuarto encerrado no le tumbe la puerta (salvo sospechas de abuso de sustancias o depresión), lo más probable es que esté experimentando con sus nuevos features.

Si usted a esta altura de la vida (mujeres) no ha tomado un espejito y se ha revisado cómo son su vulva, sus labios menores y mayores, su clítoris, qué colores tienen,  etc., pues cuando llegue a casa agarre uno y hágalo. Si usted no sabe cómo funciona eso allá abajo pues no espere que su pareja lo descubra. Igual a los hombres, saber qué forma tiene su pene y áreas adyacentes, ayuda a notar cambios que han podido ser producidos por alguna ETS (esto va con usted también señora).

Una sexualidad sana es la combinación de educación, de amor y conocimiento propio. Respete su cuerpo y el de los demás y verá que así no le va a ir mal.

Etiquetado ,

¿Por qué Psicología?

El año pasado inicié mi aventura de volver a la Universidad, (luego de casi tres años sin usar mi cerebro para estudiar) tomé la decisión de optar por una nueva licenciatura en vez de una maestría (que es lo más común por estos días). Dicho sea de paso, esta nueva carrera tiene (casi) nada tiene que ver  con el título que tengo actualmente.

Por esos días Lucas me hizo una pregunta mientras íbamos en el carro, saliendo de una de mis primeras clases. “¿Qué haces si a tu consulta llegan unos padres con su hijo gay para que lo ayudes?”, mi respuesta fue casi sin pensar: “Les diría: los que necesitan terapia son ustedes, no su hijo”. Obviamente no les diría algo tan fuerte (espero). Cuando culmine mi viaje, de cuatro años, por las tierras de psi ya tendré las herramientas para decírselos de una forma más bonita.

Recordé esta anécdota porque hoy, publicado en La  Prensa, el Sr. Miguel Espino Perigault escribó un artículo que tiene por título: “Si tuviera un hijo gay”. Citaré algunas de las frases más llamativas.

(No coloco el link porque no sé cuándo es que tendremos que empezar a pagar para ver La Prensa en línea)

“Si yo tuviera un hijo gay adulto, a estas alturas de mi vida, le pediría perdón por no haberlo sabido educar. Por no haberle brindado el amor y las atenciones adecuadas que necesitaba en su crecimiento. Por no haberle enseñado a confiar en mí, por no haberle conocido sus amiguitos o amigos de la adolescencia y más allá.”

Aquí, el Sr. Espino Perigault afirma que el ser homosexual es producto de una mala educación, poco amor y pocas atenciones. Falta de confianza de un hijo hacia su padre y por el no conocer a los amigos de su hijo.

Yo desconozco si el Sr. Espino Perigault es padre (espero que no). Lo que me queda claro es el nivel tan bajo al que puede llegar este señor, al sugerir que un padre es culpable de la orientación sexual de sus hijos. Primero, como si el ser homosexual fuera algo negativo, y segundo como si dependiera de un padre el tipo de relaciones sexuales que va a tener su hijo.

“El homosexualismo se puede “curar” (palabra prohibida so pena de ser acusado de homofobia). Pero, del homosexualismo se puede liberar la persona homosexual, con las terapias adecuadas. Esto está demostrado.”

Al volver a leer esto me doy cuenta lo peligroso que es que este señor tenga un espacio para que miles lo lean. También me aterra pensar la cantidad de mentes que pudo haber afectado en sus años de educador. Espero que esos jóvenes hayan tenido la fortaleza y entereza mental para soportar la verborrea de odio y mentiras de este señor.

Afirmar que el homosexualismo se puede curar es querer engañarse y engañar. Desde hace 40 años la homosexualidad dejó de considerarse una enfermedad por la comunidad científica internacional. En países como Alemania, Argentina, Reino Unido y Noruega están completamente prohibidas este tipo de terapias, por ser consideradas como peligrosas, y además del hecho de que  no existen evidencias científicas que afirmen que la conversión sea posible.

Los dejo con el último fragmento que decidí compartir del escrito del señor Espino Perigault.

“A mi hijo gay adolescente lo convencería de aceptar el tratamiento, por su bien y su verdadera felicidad. En estas terapias, la fe en Dios y en su plan de salvación para el cristiano, sobre todo, es la mitad de la solución, podríamos decir.”

Espero de todo corazón que cada día podamos sacar a más personas de la oscuridad en la que han decidido vivir. Que jóvenes no se vean en la triste situación de ser sometidos a este tipo de tratamientos. Que más padres apoyen a sus hijos como la Sra. Agnes de González. Que todos busquemos informarnos más antes de crear una postura “anti” o “pro” en materia de derechos.

Nadie debe ser discriminado por ninguna razón. Nadie debe ser obligado a cambiar.

Por todo lo anterior escogí Psicología, porque quiero y necesito crear espacios para que las personas puedan sanar sus heridas, seguir adelante y vivir una vida sin temores.  No existe la coerción en el crecimiento mental ni espiritual.

GAY - NOT GAY

El curioso caso del criticón que no sabe hacer (ni decir cómo se hace) lo que critica

“Curioso que exista gente que critique algo cuando nunca lo ha hecho ni sabe cómo se hace”

Así rezaba un tuit que posteé hace un rato. Fue inspirado por otro tuit, como muchas veces suele suceder.

Si bien para aportar ideas no es necesario ser expertos, sí se requiere algo de conocimientos, al menos, básicos en el tema que se toca. ¿Por qué? Porque luego uno queda como un reverendo idiota diciendo estupideces que cualquiera le puede rebatir.

Probablemente alguna vez (o muchas veces) yo haya pecado de criticona sin tener idea de qué es o cómo se hace algo. Empero estoy tratando de ser mejor y agregarme valor. Para ello si deseo comentar sobre un tema que desconozco leo algo sobre el tópico, así sea en Wikipedia, para no andar de desbocada hablando por hablar.

Debido a que soy una persona que siempre trata de mejorar, la vida me ha llevado a trabajar en muchos lugares, con ambientes y asignaciones muy distintas. De todos he aprendido bastante. Sin embargo no me creo experta, ni en la materia de la cual ya tengo un título, siempre hay algo que aprender.

Lo ideal es que detrás de una crítica exista antes algo de reflexión, y posterior a ella una solución.

Como dice la guapa Nargis Gesmar en su bio: “Judges and critics everywhere. Where are the helpers and the builders?”

Que este 2013 nos haga más ayudantes y criticarconstructores de buenas ideas, y menos criticones y jueces.